El Museo de la Orangerie está en el jardín de las Tullerías y reúne bajo su techo dos colecciones. La primera la forman «Los nenúfares», que Claude Monet donó al Estado junto con las salas construidas según sus exigencias. La segunda la reunió el marchante parisino Paul Guillaume, y tras su muerte en 1934 su viuda, Domenica, la redujo y la rehízo. Vendió las compras más audaces de su marido y desde 1937 empezó a comprar por su cuenta. En segundas nupcias se casó con el arquitecto Jean Walter, y la colección lleva el nombre de sus dos maridos.

En la década de 1960, cuando se preparaba en el edificio el espacio para la colección Jean Walter y Paul Guillaume, se añadió un piso sobre las salas ovaladas de Monet. El nuevo techo tapó la luz natural cenital en la que Monet había insistido, y esa luz no volvió hasta la renovación de 2000-2006, cuando se desmontó el piso añadido y la colección Walter-Guillaume se trasladó a salas nuevas.

1. Los nenúfares — Claude Monet

Los nenúfares - Sol poniente
Los nenúfares - Sol ponienteClaude Monet, 1920, Museo de la Orangerie

El 12 de noviembre de 1918, al día siguiente del armisticio, Claude Monet escribió a Georges Clemenceau, jefe del Gobierno y viejo amigo suyo, que estaba terminando dos paneles decorativos, que quería firmarlos el día de la victoria y ofrecerlos al Estado por su mediación. Clemenceau lo convenció de que diera más. En el acuerdo de 1920 ya se hablaba de 12 paneles, y para ellos se pensaba construir un pabellón circular, proyectado por el arquitecto Louis Bonnier, en el jardín del palacete Biron, en París. El pabellón nunca llegó a construirse. El 31 de octubre de 1921 Monet aceptó la Orangerie, y el arquitecto Camille Lefèvre levantó allí, siguiendo sus indicaciones, dos salas ovaladas en las que la luz del día entra por un techo de cristal.

Monet quería, como él mismo escribió, «la ilusión de un todo sin fin, de una ola sin horizonte y sin orilla». Ocho composiciones se suceden una tras otra por las paredes curvas de los dos óvalos, casi 100 metros de pintura en total. En «Sol poniente», desde la masa oscura de juncos del ángulo inferior izquierdo sube por el agua una franja amarilla y anaranjada, el reflejo del sol. Más a la derecha el agua se espesa hasta el azul violáceo y el pardo rojizo, y las hojas de los nenúfares están marcadas con pinceladas de verde turquesa. En una de las composiciones matinales con sauces, los bordes superior e inferior del lienzo cortan los troncos, y sobre el agua cuelgan desde arriba solo los mechones verdes de las ramas.

Los nenúfares - Mañana clara con sauces
Los nenúfares - Mañana clara con saucesClaude Monet, 1920, Museo de la Orangerie

Monet trabajó en los paneles hasta su muerte. En enero de 1925 escribió a Clemenceau que la donación no se haría, y Clemenceau le respondió que no tenía derecho a faltar a su palabra. El pintor murió en diciembre de 1926, y las salas se inauguraron ya sin él, el 17 de mayo de 1927, en presencia de Clemenceau. El acta de donación, firmada el 12 de abril de 1922, prometía al Estado 19 paneles, y en las paredes se colgaron 22.

2. Paul Guillaume, Novo Pilota — Amedeo Modigliani

Retrato de Paul Guillaume
Retrato de Paul GuillaumeAmedeo Modigliani, 1915, Museo de la Orangerie

Cuando Amedeo Modigliani pintó este retrato, Paul Guillaume tenía 23 años y ya comerciaba con escultura africana y exponía a los cubistas. Un año antes se lo había presentado al pintor el poeta Max Jacob, y, como escribe con cautela el museo, desde 1915 Guillaume probablemente ya era su marchante. Le alquiló un taller en Montmartre, y con el tiempo pasaron por sus manos unos 100 cuadros y 50 dibujos de Modigliani. En total, en 1915-1916 Modigliani pintó cuatro retratos de Guillaume, y «Novo Pilota» es el primero de ellos.

Modigliani lo pintó sobre cartón, en casa de su compañera, la poeta inglesa Beatrice Hastings, en la rue Norvins. Guillaume está sentado ante un fondo rojo, con sombrero de fieltro negro, traje oscuro y camisa blanca de cuello alto, y sostiene un cigarrillo a la altura del pecho. Su cara parece una máscara pálida, de nariz larga y recta y bigote corto, con la barbilla levantada, y los ojos, bajo unos párpados pesados, miran hacia abajo a lo largo de la nariz.

Modigliani escribió las palabras directamente sobre el cartón, con pintura. Arriba a la izquierda puso el nombre «PAUL GUILLAUME», arriba a la derecha una estrella de David y «Stella Maris», abajo a la izquierda «NOVO PILOTA» en letras verde turquesa con una rúbrica, y abajo a la derecha la firma y el año. En italiano «novo pilota» quiere decir «nuevo timonel», y Stella Maris, «estrella del mar», es el nombre latino de la Virgen como patrona de los marinos. Según el museo, Modigliani representó al joven marchante como guía y protector de la pintura moderna. La otra mano de Guillaume, abajo a la derecha, Modigliani solo la esbozó.

3. Arlequín y Pierrot — André Derain

Arlequín y Pierrot
Arlequín y PierrotAndré Derain, 1924, Museo de la Orangerie

Arlequín y Pierrot están de pie, de cuerpo entero, sobre una llanura desnuda y rojiza bajo un cielo azul, y cada uno levanta una rodilla, como si los dos se hubieran quedado inmóviles en mitad de un baile. Arlequín, con el tricornio puesto de través y un traje de rombos rojos, verdes, amarillos y azules, toca una mandolina pequeña y mira al frente. Pierrot, con un amplio blusón blanco con gorguera y un gorrito negro, sostiene una guitarra con el mástil hacia arriba y baja los ojos, y su cara es tan seria como la de Arlequín. En el ángulo inferior derecho hay en el suelo un violín con su arco, una jarra oscura y un paño blanco arrugado, y el museo señala con qué cuidado pintó Derain esta pequeña naturaleza muerta.

El cuadro fue un encargo de Paul Guillaume, le perteneció desde 1925 y se fotografió colgado en la pared de su piso de la avenue de Messine. Arlequín y Pierrot, apenas esbozados, volverán a aparecer al fondo del retrato de la mujer de Guillaume que Derain pintó en 1928-1929 (es el número 11 de esta lista). El museo reconoce en la cara de Pierrot al propio Guillaume. En otra de sus fichas, el museo dice que para las dos figuras posó el pintor catalán Jacinto Salvadó, que trabajaba para Derain y que más tarde posó también para Picasso vestido de arlequín.

4. La carreta del tío Junier — Henri Rousseau

A Henri Rousseau lo llamaban el Aduanero porque durante muchos años trabajó en un fielato de París, uno de los puestos donde se cobraban derechos sobre las mercancías que entraban en la ciudad. En 1908 llevaba mucho tiempo jubilado, vivía con estrecheces y debía dinero al verdulero Claude Junier, cuya mujer le preparaba la comida. Junier acababa de comprar un caballo y estaba orgulloso de él, y Rousseau saldó la deuda con un cuadro en el que la familia del verdulero va de paseo en su carreta. Hacia 1914 el cuadro había pasado de Junier al marchante Paul Rosenberg, en 1918 estaba en manos de Villard, y hasta 1927, 17 años después de la muerte de Rousseau, no lo compró Guillaume.

Rousseau pintó a partir de una fotografía y, como indica el museo, cambió algunas cosas: quitó un árbol del bulevar y movió los perros, a los que también cambió de tamaño. La carreta y el caballo aparecen de perfil, paralelos al borde del lienzo. Las ruedas, de radios muy juntos, son de un naranja vivo, el mismo color se repite en las varas y los arreos, y la yegua torda apenas roza el camino con los cascos, tanto que el museo dice que está «de puntillas». Todos los pasajeros, menos el canoso Junier, que lleva las riendas, miran de frente al espectador. Según una tradición, el hombre del sombrero de paja de la derecha es el propio Rousseau, y la yegua se llamaba Rose.

En el cuadro hay tres perros, cada uno a una escala distinta. Uno grande y negro está bajo la carreta, entre las ruedas, a otro pequeño lo lleva en brazos una mujer joven sentada detrás, y uno diminuto corre por el camino, muy por delante. El pintor estadounidense Max Weber, que entonces era amigo de Rousseau, le preguntó por qué el perro negro era tan grande, y Rousseau le respondió que así lo exigía su lienzo.

La carreta del tío Junier
La carreta del tío JunierHenri Rousseau, 1908, Museo de la Orangerie

5. La boda — Henri Rousseau

La boda
La bodaHenri Rousseau, 1905, Museo de la Orangerie

Ocho personas se han reunido en un prado en un grupo apretado, como ante un fotógrafo, y todas miran de frente al espectador. Las cinco cabezas de la fila de atrás están colocadas una encima de otra contra el follaje, como recortadas en papel. Delante, a la izquierda, un anciano canoso de blusa azul está sentado en un tocón y se apoya en un bastón, a la derecha una anciana con cofia blanca tiene las manos sobre las rodillas, y entre ellos está la novia, con un vestido blanco hasta el suelo. Sus pies no se ven sobre la hierba, y el museo escribe que parece suspendida en el aire. El largo velo de la novia cae sobre la falda de la anciana, y en primer plano hay un perro negro y greñudo, demasiado grande para ese sitio, que mira al espectador con unos ojos rojizos.

Guillaume compró «La boda» en 1929 al pintor Serge Férat, amigo del poeta Apollinaire y uno de los primeros coleccionistas de Rousseau. El museo llama a Rousseau «maestro de las paradojas espaciales» y considera que levantó a la novia del suelo a propósito.

En 2025, para la exposición de Rousseau que se inauguró en 2026, el laboratorio del C2RMF, el centro de investigación de los museos de Francia, examinó el cuadro con rayos X e infrarrojos, y el servicio de noticias franceinfo dio a conocer los resultados. Según su información, las cuatro figuras del fondo las añadió Rousseau más tarde, el vestido de la novia era al principio más largo, el velo lo rehízo y el perro lo agregó después. Es posible que los ojos del perro tapen el lugar donde antes estaban los pies de la novia. Bajo el velo, la anciana resultó tener tres manos.

La boda
La bodaHenri Rousseau, 1905, Museo de la Orangerie

6. El pequeño pastelero — Chaïm Soutine

El pequeño pastelero
El pequeño pasteleroChaïm Soutine, 1922, Museo de la Orangerie

En el invierno de 1922-1923, el coleccionista estadounidense Albert Barnes vio en París, en casa de Paul Guillaume, un retrato de un joven pastelero pintado por Chaïm Soutine. Soutine era entonces pobre y solo lo conocían en Montparnasse. En 1923 Guillaume describió aquel cuadro en la revista «Les Arts à Paris», recordó al pastelero «con una oreja enorme y magnífica» y escribió que el entusiasmo de Barnes ante ese lienzo convirtió a Soutine en un pintor célebre en un solo día. Barnes compró unos 50 cuadros de Soutine, la mayoría del fondo del marchante Léopold Zborowski, con quien trabajaba entonces el pintor, y unos 16 a través de Guillaume. El museo escribe que, al parecer, Guillaume describía al pastelero que hoy está en la Fundación Barnes de Filadelfia.

El pastelero de la Orangerie es otro. Soutine lo pintó en 1922-1923, y el museo conoce en total seis versiones de este tema. El muchacho está sentado de frente, con un gorro blanco arrugado echado hacia la nuca y una chaqueta cruzada que se extiende a lo ancho casi de un borde a otro del lienzo. Tiene el cuello delgado, la cabeza parece pequeña para ese cuerpo, las orejas le sobresalen, y la que queda a la derecha del espectador es más grande y más roja que la otra. Las manos están juntas abajo, sobre las rodillas, y debajo de ellas hay un paño de un rojo vivo, la mancha más intensa del cuadro.

Guillaume compró este lienzo a principios de los años treinta, después de que pasara por Zborowski y por el marchante Jos Hessel, y lo hizo, según el museo, «en recuerdo del primer pastelero, al que tanto había querido».

7. Gran desnudo con drapeado — Pablo Picasso

A principios de los años veinte Picasso pintaba mujeres macizas en poses clásicas, y el museo, que fecha este cuadro en 1921-1923, enumera sus fuentes. Son la Antigüedad, «La Fornarina» de Rafael, que se aprieta un paño contra el pecho, Ingres y Renoir, cuyas bañistas estaban en la colección del propio Picasso.

La mujer está sentada y ocupa casi todo el lienzo: la coronilla casi toca el borde superior, y el inferior le corta las rodillas. Tiene la cabeza inclinada y los ojos cerrados, y el pelo largo, ondulado y castaño le cae por la espalda. Con la mano izquierda se aprieta contra el hombro derecho un paño blanco, y esa mano es más ancha que su cara, de modo que el museo, en su ficha, la califica de desproporcionada. Con la mano derecha la mujer retuerce el mismo paño entre los muslos. El fondo es de un gris uniforme, y en los pliegues de abajo el blanco está aplicado tan fino que a través de él se transparenta la capa inferior, de un gris parduzco. El cuadro tiene también un segundo título, «Mujer aseándose».

Guillaume lo compró en 1927 y dos años después lo expuso en la muestra de su colección. Tras su muerte, como escribe el museo, Domenica se deshizo de las obras más audaces de aquella época, pero este cuadro lo conservó. En 1936-1937 prestó el «Gran desnudo» a una exposición de Picasso en Nueva York.

8. Odalisca con pantalones rojos — Henri Matisse

Odalisca con pantalones rojos
Odalisca con pantalones rojosHenri Matisse, 1920, Museo de la Orangerie

En 1927 un crítico comparó las odaliscas de Niza de Matisse con «el escaparate de un vendedor de papel pintado». Esta odalisca la compró el propio Guillaume, y en 1929 colgaba en la exposición de su colección en la galería Bernheim-Jeune. Tras su muerte, según el museo, de los cuadros de Matisse la viuda se quedó casi solo con los que el pintor había hecho en Niza entre 1917 y 1929.

Matisse la pintó en Niza en 1924-1925. La mujer está tendida en un diván que cruza en diagonal desde el ángulo superior izquierdo hasta el inferior derecho, con la cabeza apoyada en un cojín cilíndrico turquesa y una almohada carmesí y el brazo derecho levantado hacia la sien. Lleva una túnica blanca, collares y pulseras, y los pantalones rojos se recogen en las pantorrillas con cintas bordadas en oro. Detrás cuelga una tela de un azul cobalto intenso con rosas rosadas y grandes motivos amarillo ocre, y a la derecha hay dos paneles altos con flores carmesí sobre un fondo verde menta pálido. Matisse resolvió la cara con unas pocas pinceladas y pintó las telas de alrededor con más densidad que la figura. El museo considera desproporcionadamente grande la mesita redonda con un jarrón de flores, delante de la tela azul, y ve en ella el único indicio de profundidad de toda la habitación.

Odalisca con pantalones rojos
Odalisca con pantalones rojosHenri Matisse, 1920, Museo de la Orangerie

9. La casa Bernot — Maurice Utrillo

Entre los transeúntes de esta calle de Montmartre hay un hombre de espaldas al espectador, de pie ante un pequeño caballete con un lienzo. Es canoso, lleva bombín y abrigo verde grisáceo, y en la mano izquierda sostiene los pinceles y una paleta embadurnada de pintura. A su lado pasan por la calle, también de espaldas, unas seis mujeres con chaquetas y botas oscuras y pesadas, y sus faldas, turquesa, negras y oliva, se ahuecan en forma de campana, de modo que las figuras parecen muñecas.

El empedrado de la rue du Mont-Cenis va cuesta abajo. A la izquierda hay una tienda con un rótulo blanco en el que se lee «BERNOT» en mayúsculas rojas, y junto a la puerta cuelga una placa azul con el nombre de la calle. Según el museo, en esa tienda se vendía carbón. A la derecha se alza una farola de hierro fundido y se extiende una pared de revoque desconchado, y en el ángulo superior derecho, cortado por el borde del lienzo, asoma blanco el campanario de la basílica del Sacré-Cœur. Utrillo perfiló las ventanas, los tejados y la farola con gruesas líneas negras.

Utrillo había crecido en Montmartre, pero en 1924 vivía lejos de París, en el departamento de Ain, en el este de Francia, y la calle, como escribe el museo, lo más probable es que la pintara a partir de una postal. El cuadro perteneció a Guillaume y, tras su muerte, se quedó en manos de Domenica. En el ángulo inferior derecho Utrillo firmó «Maurice, Utrillo, V,» y puso la fecha, febrero de 1924. Con la V indicaba el apellido de su madre, la pintora Suzanne Valadon.

La casa Bernot
La casa BernotMaurice Utrillo, 1924, Museo de la Orangerie

10. Muchachas al piano — Pierre-Auguste Renoir

Muchachas al piano
Muchachas al pianoPierre-Auguste Renoir, 1892, Museo de la Orangerie

En 1892 el Estado francés compró a Renoir «Muchachas al piano» para el Museo del Luxemburgo, donde se exponía a los artistas vivos, y fue su primer cuadro en una colección pública. Aquel cuadro está hoy en el Museo de Orsay. Renoir pintó esta composición varias veces. El lienzo de la Orangerie tiene una factura más suelta, y el Museo de Orsay lo llama boceto al óleo. La propia Orangerie no usa la palabra «boceto» y escribe que existen por lo menos otras seis versiones.

Una niña rubia está sentada al piano, de perfil estricto. Lleva el pelo suelto por la espalda y recogido en lo alto con un lazo rosa, y un vestido blanco grisáceo de lunares menudos con un ancho cinturón azul claro atado detrás en un gran lazo, cuyas puntas caen sobre la silla. Toca con una mano y ha levantado la otra hacia el borde de la partitura. Una niña morena con vestido rosa salmón se acoda en el piano, apoya la barbilla en la mano y mira la partitura. El ángulo superior izquierdo lo llenan pinceladas rápidas verdes, turquesa, azules y ocres, en las que se puede ver tanto una cortina como follaje o papel pintado, y abajo a la izquierda el borde del lienzo corta una fina silla dorada. El museo escribe que Renoir evitó los detalles superfluos para concentrarse en las dos figuras y supone que el cuadro se pintó en casa del artista: en 1890 le había regalado a su mujer un piano por la boda.

Renoir guardó mucho tiempo este lienzo. De 1914 a 1917 lo dejó en depósito en la galería parisina de Durand-Ruel, en 1919 estaba en manos del marchante Ambroise Vollard, y desde 1928 perteneció a Guillaume. Domenica se lo quedó tras la muerte de su marido.

11. Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombrero — André Derain

Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombrero
Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombreroAndré Derain, 1928, Museo de la Orangerie

La mujer de Paul Guillaume se llamaba de nacimiento Juliette Lacaze, y el nombre de Domenica se lo dio él. En 1928-1929 la retrató André Derain, antiguo fauvista, que a finales de los años veinte se había convertido en el pintor principal de Guillaume. El retrato perteneció a Guillaume desde 1929, ese mismo año lo expuso en la muestra de su colección, y en casa lo colgó en un lugar de honor, en el dormitorio de su palacete de la avenue Foch.

Domenica está sentada en un sillón con un enorme sombrero de paja, cuyas alas son más anchas que sus hombros y quedan detrás de la cabeza como un disco claro. Todo el cuadro está pintado en tonos beige, ocre y crema, salvo una cortina rojo oscuro arriba a la izquierda. Una capa de raso color crema con un largo fleco blanco le cubre los hombros, y tiene las manos cruzadas sobre las rodillas. Sus ojos son grandes, de un azul claro, y, como señala el museo, Derain puso en las pupilas unos toques de blanco para avivar la mirada. Los pendientes de perlas repiten ese blanco.

Arriba a la derecha, según el museo, se entrevén apenas Pierrot y Arlequín, y el propio museo se pregunta si se trata del cuadro grande que había encargado Guillaume o de uno de los dos bocetos para él que el matrimonio también tenía en casa. Tras la muerte de Guillaume en 1934, la colección pasó a Domenica. Ella conservó el retrato, en 1950 lo prestó a la exposición «Cien retratos de mujeres» de la galería Charpentier de París, y en 1959 lo vendió al Estado junto con la colección. La biografía de Domenica publicada en 1996 se titula «La dama del gran sombrero».

Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombrero
Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombreroAndré Derain, 1928, Museo de la Orangerie

12. Yvonne y Christine Lerolle al piano — Pierre-Auguste Renoir

Domenica compró este cuadro el 10 de junio de 1937 y en los documentos figuró como «Madame Paul Guillaume», aunque su marido llevaba ya tres años muerto. Antes de llegar a ella, el cuadro había pasado por galerías de París, Nueva York y Suiza.

Hacia 1897 Renoir pintó al piano a Yvonne y Christine, hijas del pintor y coleccionista Henry Lerolle. El tema es el mismo que el de «Muchachas al piano», solo que aquí las muchachas tienen nombre y en la pared cuelgan cuadros de la colección de su padre. Una de las hermanas, con un vestido blanco de cuello alto, está sentada ante un piano negro y toca. La otra, con un vestido rojo anaranjado y una cinta de terciopelo negro al cuello, está de pie detrás de ella, con la cara vuelta hacia el espectador, y alarga la mano hacia la partitura. Arriba a la izquierda, en un marco dorado, cuelga un cuadro de Edgar Degas con caballos de carreras y jinetes, y arriba a la derecha unas bailarinas suyas con tutús rosas, cuyas cabezas quedan fuera del borde superior del lienzo. El museo titula esos cuadros «Antes de la carrera» y «Bailarinas bajo un árbol». El segundo está hoy en el Museo Norton Simon de Pasadena.

Las dos hermanas se casaron después con hijos del coleccionista Henri Rouart, viejo amigo de Degas: Yvonne con Eugène y Christine con Louis.

Yvonne y Christine Lerolle al piano
Yvonne y Christine Lerolle al pianoPierre-Auguste Renoir, 1897, Museo de la Orangerie

13. Manzanas y galletas — Paul Cézanne

Manzanas y galletas
Manzanas y galletasPaul Cézanne, 1880, Museo de la Orangerie

La revista estadounidense TIME contó la venta de esta naturaleza muerta en un artículo titulado «Perdido para el Louvre». El 14 de mayo de 1952, en la galería Charpentier de París, se subastó la colección de Gabriel Cognacq, heredero de los grandes almacenes La Samaritaine, y «Manzanas y galletas» se vendió por 33 millones de francos. Según la revista, nunca se había pagado tanto por un Cézanne en una subasta. El Louvre tenía derecho de tanteo, es decir, podía quedarse el cuadro por la misma suma, pero no lo ejerció. En el acta de la subasta figura como compradora Madame Jean Walter, y TIME llamó al comprador «un millonario francés propietario de minas de plomo», refiriéndose a su marido. Según el museo, una compra por semejante cantidad atrajo la atención del público hacia la colección de Domenica.

Sobre la larga tapa de madera de un arcón hay 14 manzanas en una fila holgada, amarillas, rojas y anaranjadas, y detrás, una pared verde azulada con un dibujo de ramitas grises y blancas. Las galletas del título apenas caben en el lienzo. Junto al borde derecho hay un plato blanco con filete azul, del que entra en el cuadro más o menos un tercio, y en él hay unas cuantas galletas planas, rosas y color crema. El plato está inclinado como si se viera desde arriba, desde un punto más alto que las manzanas. En el libro del marchante Ambroise Vollard, uno de los primeros propietarios, el cuadro figura con un precio de 150 francos.

14. Paisaje — atribuido a Paul Gauguin

Paisaje
PaisajeAtribuido a Paul Gauguin, 1901, Museo de la Orangerie

El museo incluye este paisaje entre las obras de Gauguin con la salvedad de «atribuido», y en el ángulo inferior derecho figuran la firma y la fecha, «P. Gauguin 1901». Antes el cuadro se titulaba «El cura y los niños». Casi todo el lienzo lo ocupa la vegetación: un árbol alto y delgado de copa plana y escalonada, dos árboles redondos de un amarillo ácido, palmeras y hojas de banano arriba a la derecha, y el cielo queda reducido a una franja estrecha a lo largo del borde superior. En medio de un prado verde amarillento, unas pocas pinceladas marcan una pequeña figura oscura con una larga vestidura negra, y a su lado otras aún más pequeñas. El museo ve en ellas a un misionero seguido por tres niños y escribe que las diminutas figuras parecen perderse en la vegetación.

Con la salvedad de «probablemente», el museo sitúa el paisaje en la isla de Hiva Oa, en las Marquesas, y en los primeros meses después de que Gauguin se trasladara allí desde Tahití en septiembre de 1901. Es el único cuadro de Gauguin de la colección, y lo compró Domenica, aunque el museo no dice cuándo ni a quién. Entre sus propietarios anteriores estuvieron el coleccionista vienés H. Böhler, la galería Huinck & Scherjon de Ámsterdam y el director de Hollywood Josef von Sternberg, autor de «El ángel azul».

15. Argenteuil — Claude Monet

La pintora estadounidense Romaine Brooks tuvo este cuadro en su casa de Niza aproximadamente desde 1921, y hacia 1955 lo compró Domenica. Es el único Monet de la colección Jean Walter y Paul Guillaume.

Monet se instaló en Argenteuil, una pequeña localidad a orillas del Sena cerca de París, en diciembre de 1871, y en 1875 pintó el fondeadero de veleros del lugar. En el centro hay dos barcas ancladas con cascos de color bermellón, y su reflejo rojo baja por el agua en pinceladas quebradas. A lo ancho de todo el cuadro se extiende una hilera de mástiles finos de un amarillo pálido, y los más altos casi tocan el borde superior. El museo señala que las líneas de la perspectiva se abren desde las barcas hacia la derecha y hacia la izquierda. El agua del primer plano está cubierta de pinceladas verde amarillento y oliva, en las que el museo ve vegetación flotando en el Sena, y la franja inferior del cuadro es casi toda verde.

En 1959 Domenica vendió la colección al Estado. Cuando se añadió un piso a la Orangerie para alojarla, «Los nenúfares» se quedaron sin luz cenital. El piso añadido no se desmontó hasta la renovación de 2000-2006.

Barcas rojas en Argenteuil
Barcas rojas en ArgenteuilClaude Monet, 1875, Museo de la Orangerie

Qué más ver

La colección tiene 22 cuadros de Chaïm Soutine y 15 de Cézanne, entre ellos el «Retrato de Madame Cézanne», y de Modigliani, además de «Novo Pilota», merece la pena ver «Antonia» y «El joven aprendiz». El propio Guillaume aparece en otro retrato más, obra de Kees van Dongen. «La gran bañista» de Picasso es de 1921-1922, los mismos años que el «Gran desnudo con drapeado».

Retrato de Madame Cézanne
Retrato de Madame CézannePaul Cézanne, 1890, Museo de la Orangerie
Antonia
AntoniaAmedeo Modigliani, 1915, Museo de la Orangerie
El joven aprendiz
El joven aprendizAmedeo Modigliani, 1918, Museo de la Orangerie