
Jean-Auguste-Dominique Ingres · PD
Retrato del abad de Bonald
Ficha
La historia
En 1816 Ingres estaba en Roma y andaba escaso de dinero. El imperio de Napoleón se había derrumbado el año anterior, los encargos habían desaparecido y, para ganarse la vida, dibujaba y pintaba pequeños retratos de los franceses que pasaban por la ciudad, muchos de ellos clérigos llegados a la capital de los papas. Este es uno de los más pequeños, una tabla de apenas 12 centímetros de alto que cabría bajo una mano. El retratado es el joven abate de Bonald, de una familia célebre por su dura oposición a la Revolución. Llegaría a ser obispo de Le Puy y luego cardenal arzobispo de Lyon. Una vieja nota al dorso recuerda que Ingres lo pintó en Roma en mayo de aquel año. Permaneció en la familia Bonald más de un siglo, y el Louvre solo lo adquirió en una subasta en 1988.




