
Jean-Auguste-Dominique Ingres · PD
Rafael y la Fornarina
Ficha
La historia
En 1814, en Roma, Ingres veneraba a Rafael como la cima misma de la pintura, y aquí lo imagina en su taller. El maestro del Renacimiento tiene sobre las rodillas a la Fornarina, la hija del panadero que fue su amante, pero no la mira a ella: vuelve los ojos hacia el retrato que le ha hecho, apoyado en el caballete. La mujer viva queda a un lado, y lo que enamora al pintor es su propia obra. Al fondo cuelga la Madonna della Seggiola de Rafael, cuyo rostro se parece al de la amante. Ingres volvería sobre esta escena media docena de veces a lo largo de su vida.




