
Rebeca y Eliezer en el pozo
Ficha
La historia
En diciembre de 1740 Giovanni Gaetano Bottari, el erudito que servía a los Corsini como bibliotecario y consejero artístico, escribió al príncipe Bartolomeo Corsini para contarle que ese día el cardenal Sacripanti había enviado dos cuadros como regalo a su hermano, el cardenal Neri Maria Corsini. Uno le parecía un Caravaggio con tres músicos. El otro era este Carlo Maratta, con el criado de Abraham que va en busca de esposa para Isaac. Bottari tasó el Maratta en al menos 400 escudos y el supuesto Caravaggio en 100. Un retrato del papa Julio II que entonces se creía de Rafael valía solo 50 escudos más.
El donante, Carlo Maria Sacripanti, había sido tesorero del papa Corsini, Clemente XII, que lo hizo cardenal en 1739 y murió a comienzos de 1740. El tema le venía como anillo al dedo. En el Génesis, Eliezer, el mayordomo de Abraham, pide junto a un pozo que la muchacha que le dé de beber a él y a sus camellos sea la elegida para Isaac, y eso es justo lo que hace Rebeca. Se ha leído el cuadro como un elogio que el tesorero papal se hacía a sí mismo, el siervo fiel que cumple la voluntad de su señor.
Maratta lo pintó hacia 1695, con unos 70 años, y en Múnich se conserva un boceto preparatorio. Rebeca se está probando los brazaletes de oro que Eliezer acaba de darle, mientras él aparece en riguroso perfil, con un gran manto amarillo que le cae hasta el suelo.




