
San Sebastián, mártir
Ficha
La historia
En el Salón de 1865 el público se agolpaba ante la «Olympia» de Manet para burlarse de ella. En esa misma exposición Ribot presentó este San Sebastián, y el Estado francés lo compró allí mismo para el Museo del Luxemburgo, el museo parisino de los artistas vivos. Ribot había aprendido la luz de Ribera y de los pintores españoles del siglo XVII, y aquí la carne pálida surge de un fondo casi negro. El santo tiene un cuerpo corriente, sin idealizar, con las rodillas magulladas y las plantas de los pies sucias vueltas hacia quien mira. Según la leyenda, Sebastián sobrevivió a las flechas, y una viuda romana llamada Irene, que acudió a recoger su cuerpo, lo encontró con vida. Las dos figuras encapuchadas que se inclinan sobre él pertenecen a ese episodio. Todavía lleva una cuerda atada a la muñeca, y una flecha le atraviesa el antebrazo.

