
Diego Velázquez · PD
Sibila
Ficha
La historia
En 1746 se levantó el inventario de las pinturas del palacio de La Granja, en la sierra de Segovia, donde Isabel de Farnesio guardaba su colección. Con el número 116 figura este lienzo, dado a Velázquez, y de la retratada se afirma allí que es Juana Pacheco, mujer del pintor e hija de su primer maestro. El mismo asiento precisa que lleva una tabla en la mano. Aquella afición dieciochesca y decimonónica a reconocer a la familia del artista dentro de sus cuadros alcanzó a más de una obra suya, y el Prado hoy no la sostiene. El único rostro que con verosimilitud se tiene por el de Juana está en la Adoración de los Magos, y la comparación entre ambos lienzos apunta a un modelo distinto. Queda entonces lo que la pintura ofrece por sí sola. Una mujer de perfil, la mirada fija al frente, y esa superficie lisa y cuadrangular sostenida con la izquierda, que deja la derecha libre para escribir o pintar en ella. De ahí que se la tenga por una sibila, de esas adivinas del mundo grecorromano a las que el cristianismo atribuyó haber anunciado la venida de Cristo. Las sibilas que pintaban por esos mismos años Guido Reni o el Guercino suelen llevar turbante. Ésta no lleva ninguno.




