
Gustave Courbet · PD
Desnudo dormido
Ficha
La historia
Hacia 1858, Gustave Courbet ya se había ganado en París la fama de pintar aquello que el Salón oficial habría preferido no ver. Tres años antes, cuando la Exposición Universal rechazó sus lienzos más grandes, levantó al lado su propio barracón de tablas y cobró entrada por una muestra que llamó, sin más, Realismo. Un desnudo reclinado como este pertenece a una tradición muy antigua, la estirpe veneciana que se remonta a Tiziano y a Giorgione, una mujer hermosa dormida en un paisaje. Lo que hace Courbet es negarse a pulirla. Los desnudos que premiaba el Salón en aquella década estaban bruñidos hasta que la piel parecía porcelana. Este cuerpo tiene peso, pliegues y calor reales, puestos con el pincel bien cargado. El cuadro acabó recorriendo un largo camino desde aquella polémica. Hoy cuelga en el Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio, formado en torno a la colección del industrial japonés Kojiro Matsukata, que compró pintura europea a comienzos del siglo XX.




