
Cena con un laudista
Ficha
La historia
Hacia 1619, un joven pintor holandés que vivía en Roma llenaba grandes lienzos de gente que come, bebe y hace música a la luz de las velas, y uno de los coleccionistas que los querían era Cosme II de Médicis, gran duque de Toscana. Así fue como una ruidosa cena pintada por un artista de Utrecht llegó a Florencia, y por eso hoy cuelga en los Uffizi. La mesa está apretada y cercana. Un tañedor de laúd se inclina sobre su instrumento mientras los demás ríen, alargan la mano hacia la comida y sirven el vino, todo iluminado por una única llama que las propias figuras nos ocultan a medias. Honthorst arma la escena en torno a esa luz escondida, como hacían los cuadros romanos de Caravaggio, de modo que rostros y manos brillan cálidos contra la sombra densa. Aquí no hay santos ni lección, solo una velada en compañía captada en su momento más bullicioso. Dejó Roma en la primavera de 1620, tras unos diez años en Italia, y cuadros como este se quedaron en la colección de los Médicis.




