
La buenaventura
Ficha
La historia
Durante casi toda su historia este lienzo llevó otros nombres. Los Torlonia lo inventariaron como Caravaggio en 1855 y de nuevo en 1892, un estudioso pensó en 1955 en Bartolomeo Manfredi, y durante décadas se tuvo por copia de un cuadro muy parecido de Florencia, una pareja a la que se fueron asignando Manfredi, Antiveduto Gramatica e incluso Mattia Preti. En 1996, durante una restauración, apareció en el reverso del lienzo original una inscripción latina en grandes capitales. Dice que la mujer es una egipcia, vulgarmente gitana, adivina de un zapatero necio, pintada del natural por Simon Vouet, y da el año 1617. Es, por tanto, la obra documentada más temprana del joven francés, que llevaba pocos años en Roma. Las letras coinciden con las inscripciones de cuadros de Poussin que pertenecieron al erudito y coleccionista Cassiano dal Pozzo, y un inventario de los dal Pozzo de 1729 recoge a dos gitanas que leen la buenaventura a un villano, obra de un tal Monsù Bovett, que es como un escribano romano anotaba Monsieur Vouet. La escena toma la buenaventura de Caravaggio que hoy está en los Museos Capitolinos y afila la broma. El muchacho solo tiene ojos para la guapa quiromántica, mientras la vieja, detrás de él, hace la higa, el pulgar metido entre dos dedos, un gesto grosero que avisa de que su bolsa está a punto de volar. La inscripción ya no se ve, porque el lienzo se ha vuelto a reentelar.




