
Francisco de Zurbarán · PD
La Inmaculada Concepción
Ficha
La historia
La Inmaculada Concepción no era todavía dogma cuando Zurbarán pintó este lienzo hacia 1635, y en Sevilla se defendía como causa propia. Las cofradías juraban sostenerla, el cabildo mandaba embajadas a Roma y los pintores recibían el encargo una y otra vez. Zurbarán trató el tema muchas veces sin repetirse, y aquí se aparta de su propia fórmula. En las versiones emparentadas del Prado y de Sigüenza la Virgen niña junta las manos, entorna los ojos y se mantiene rigurosamente frontal. En esta abre los brazos, gira el cuerpo y levanta la mirada, de modo que toda la figura parece ascender. Bajo sus pies quedan la media luna invertida y un grupo de cabezas de ángeles, y los símbolos de las letanías se reparten entre el paisaje bajo y las nubes. El color se organiza en tres campos nítidos, el blanco de la túnica, el azul del manto y el dorado del entorno. La pintura estuvo perdida para los estudiosos hasta que apareció en Londres en 1972, y entró en el Prado en 2015 con la donación de 25 obras de Plácido Arango.




