
Diego Velázquez · PD
La venerable madre Jerónima de la Fuente
Ficha
La historia
Fíjese en cómo empuña el crucifijo. Lo sostiene con la derecha, apretado, y desde antiguo se ha dicho que lo lleva casi como un arma, mientras en la izquierda conserva un libro de oraciones, o quizá la regla de la orden. El crucifijo tenía además un modelo concreto. Velázquez debió de usar una réplica del que poseía su maestro Pacheco, un bronce de raíz miguelangelesca que el platero Juan Bautista Franconio trajo de Roma a Sevilla y que los artistas locales copiaron sin descanso. Sor Jerónima de la Fuente, de familia hidalga toledana, era monja franciscana en el convento de Santa Isabel de Toledo, y en 1620, con 66 años, pasó por Sevilla para embarcar rumbo a Filipinas y fundar en Manila el convento de Santa Clara de la Concepción, del que fue primera abadesa y donde murió en 1630. El retrato se pintó allí, en junio, antes de la larga travesía, porque las monjas que se quedaban querían conservar la imagen de la madre ausente. De ahí que existan al menos dos versiones más. En el convento toledano la obra pasó por un Luis Tristán hasta que la exposición franciscana de 1926 la sacó a la luz y, al restaurarla, aparecieron la firma y la fecha.




