
La Virgen y el Niño en gloria rodeados de querubines, serafines, cuatro ángeles, santa María Magdalena y san Bernardo de Claraval
Ficha
La historia
En 1442, monjes cistercienses de la abadía de Settimo, en las afueras de Florencia, se instalaron en una iglesia de la ciudad dedicada a María Magdalena, conocida desde entonces como Cestello. Esta gran tabla se pintó para su altar mayor, y sus dos santos pertenecen a ese lugar. María Magdalena era la patrona de la iglesia, y san Bernardo de Claraval, que escribe en un libro abierto, el gran santo de la orden cisterciense. Sobre ellos, la Virgen y el Niño flotan en una gloria de serafines rojos y querubines azules, rodeados de cuatro ángeles.
Giorgio Vasari, el biógrafo de los artistas florentinos, la vio allí y la atribuyó a Cosimo Rosselli, de quien aún cuelga un retablo en la iglesia. Ese nombre acompañó al cuadro durante siglos. En 1628 la iglesia pasó a las monjas carmelitas, y hoy se llama Santa Maria Maddalena dei Pazzi. La tabla siguió allí hasta agosto de 1812, cuando fue retirada y llevada al Louvre, cuyo inventario la registró como obra de Cosimo Rosselli. Hoy el museo la atribuye a Francesco Botticini.

