
La historia
El Prado es la colección de un rey hecha pública. Durante tres siglos los Habsburgo y los Borbones españoles compraron y encargaron a escala regia, y su gusto es el museo. Tiziano y Rubens, a quienes los reyes amaban, y Velázquez, que sirvió a la corte española casi toda su vida. Sus Meninas cuelgan en el corazón del edificio, con el pintor asomándose por detrás de su propio lienzo en una sala del antiguo Alcázar real.
La galería abrió en 1819 en un edificio que el arquitecto Juan de Villanueva había proyectado en origen como gabinete de ciencias naturales. Sus paredes muestran las vertientes más oscuras del arte español junto a su esplendor: El 3 de mayo de 1808 de Goya, con el pelotón de fusilamiento alzando sus faroles en la oscuridad, y las Pinturas negras que aplicó directamente sobre los muros de su propia casa ya al final de su vida, sordo y retirado, sin intención de mostrarlas nunca.
El más antiguo de sus grandes tesoros es anterior a ese gusto regio español. Se trata de El jardín de las delicias de Hieronymus Bosch, el Bosco, la visión en tres tablas del paraíso, el deseo y el infierno, que más tarde entró en la colección de Felipe II y fue enviada a su palacio-monasterio de El Escorial. Hoy atrae multitudes a lo que en su día solo a la corte le estaba permitido ver.



