
La historia
Antes de llegar a la puerta de Santa Maria sopra Minerva se pasa junto a un pequeño elefante de mármol que lleva un obelisco egipcio sobre el lomo, colocado en 1667 según un diseño de Gian Lorenzo Bernini, el gran escultor de la Roma barroca. El obelisco había aparecido en el propio huerto de los frailes, y el nombre de la iglesia recuerda la antigua creencia de que se alzaba sobre un templo de Minerva.
Dentro está la iglesia gótica más conocida de Roma, comenzada por los dominicos hacia 1280, con las bóvedas pintadas de azul intenso y estrellas doradas en una restauración del siglo XIX. A la izquierda del altar mayor se alza el Cristo resucitado de Miguel Ángel, una figura de mármol que sostiene la cruz, instalada en 1521. A la derecha, en la capilla Carafa, el pintor florentino Filippino Lippi pintó frescos hacia 1490 para un cardenal napolitano. Catalina de Siena reposa bajo el altar mayor, y Fra Angelico, el fraile pintor, está enterrado muy cerca.
En la capilla Aldobrandini cuelga la Comunión de los apóstoles de Federico Barocci, el pintor de Urbino. La familia del papa Clemente VIII la encargó en 1603, y Barocci la pintó en su casa de Urbino, adonde le enviaron dibujos y datos de la capilla para que el cuadro encajara en su sitio. Clemente murió en 1605, y el lienzo se terminó hacia 1608.
En el convento dominico junto a la iglesia, en junio de 1633, Galileo se arrodilló ante los cardenales de la Inquisición y abjuró de su enseñanza de que la Tierra gira alrededor del Sol.
