Miguel Ángel

Miguel Ángel

1475–1564 · República de Florencia · Alto Renacimiento


La historia

Hacia 1508 Miguel Ángel ya se consideraba escultor, y solo escultor. Tenía 33 años, había esculpido el David en Florencia pocos años antes, y había llegado a Roma para construir al papa Julio II una vasta tumba de mármol, el encargo que de verdad quería. Entonces Julio, un papa guerrero e inquieto que pasaba tanto tiempo en campaña como en el Vaticano, cambió de idea y le puso delante un techo. Miguel Ángel intentó rechazarlo: sospechaba que algunos rivales habían empujado la idea precisamente porque el fresco no era su oficio, y podía fracasar.

Firmó el contrato el 8 de mayo, por 3.000 ducados, y buscó ayudantes que supieran pintar sobre yeso fresco. No logró retenerlos, y terminó haciendo casi todo él solo. La superficie era enorme, unos 500 metros cuadrados, más de 300 figuras. Trabajó desde un andamio de diseño propio, de pie, con el cuello echado hacia atrás y el yeso goteándole en la cara, no tumbado boca arriba como cuenta la leyenda. Le llevó cuatro años. En un poema amargo a un amigo se quejaba de que el vientre se le había subido hasta la barbilla, de que la piel le colgaba floja por detrás, y de que él, en realidad, no era pintor. Se equivocaba en eso último.

Cuando el andamio bajó en 1512, el techo había logrado algo que el fresco romano nunca había hecho del todo: cuerpos con el peso y el giro del mármol tallado, pintados como si su autor no pudiera dejar de pensar en piedra. Las dos manos que se buscan, la de Dios y la de Adán, casi tocándose, se convirtieron en una de las imágenes más copiadas jamás hechas. Julio murió al año siguiente, con su gran tumba todavía sin construir. Miguel Ángel volvió a ella de forma intermitente durante décadas. Lo que sobrevive, en una iglesia al otro lado de Roma, es una fracción del plan original, y en su centro se sienta Moisés, tallado al fin en la piedra que siempre había querido tener bajo las manos.

Obras

37 obras