
Bailarina con el dedo en la barbilla
Ficha
La historia
En la segunda mitad del siglo XVIII la corte de Nápoles publicó en grabados las pinturas murales antiguas halladas en Herculano, la ciudad romana sepultada por el Vesubio, y toda Europa conoció sus pequeñas figuras de bailarinas que parecen flotar. A Canova, según sugiere la Pinacoteca, le fascinaron. Durante años dibujó y pintó bailarinas antes de llevarlas al mármol, y al final esculpió tres, una con las manos en las caderas, otra con címbalos y esta, con un dedo apoyado en la barbilla. El mármol lo encargó Domenico Manzoni, un banquero de Forlì, y se terminó en 1814. Menos de 15 años después fue vendido al conde Guriev, embajador ruso en Roma, que se lo llevó a San Petersburgo. Este yeso a tamaño natural es un vaciado de aquella estatua, con la bailarina alzada sobre las puntas de los pies, a mitad de un paso.




