
Herma de Safo
Ficha
La historia
En marzo de 1820 llegó a Turín este mármol, encargado al taller romano de Canova por el marqués Tancredi Falletti di Barolo, noble piamontés y coleccionista. Cuando se expuso en la ciudad ese mismo año, la crítica elogió justo lo que sigue llamando la atención, un rostro que no es de nadie en concreto. Canova había partido de una modelo real, pero suavizó sus rasgos hasta la belleza ideal que había descrito Winckelmann, el estudioso alemán que más de medio siglo antes enseñó a Europa a mirar la escultura griega.
Eso encajaba con el personaje. De Safo, la poeta de Lesbos que vivió hacia el año 600 antes de Cristo, quedan versos pero ningún retrato, así que cualquier cara que se le dé es imaginada. En la última década de su vida Canova esculpió muchas de estas cabezas ideales y hermas, la cabeza que brota de un pilar cuadrado a la manera antigua, y esta se entregó unos dos años antes de su muerte. Se conservan vaciados en yeso en el Museo Correr de Venecia y en la gipsoteca de Possagno, su pueblo natal.




