
Caravaggio, Penitent Magdalene, 1593. Wikimedia Commons. · PD
Magdalena penitente
Ficha
La historia
Recién llegado a Roma y todavía sin apenas dinero, hacia mediados de la década de 1590, Caravaggio pintó a santa María Magdalena de un modo que desconcertó a muchos. No hay aureola, ni rayo divino, ni éxtasis. Hay una muchacha joven, sentada en una silla baja, con un vestido de brocado de la época, la cabeza inclinada y una lágrima corriéndole por la mejilla. A sus pies, tirados en el suelo, un collar de perlas, unas joyas y un frasco de ungüento. Toda la historia cabe en ese gesto de haber soltado los adornos. Caravaggio sacó a su santa de una chica corriente de las calles romanas, quizá la misma que le sirvió de modelo para otras obras de esos años, y la sentó en un cuarto casi vacío que cruza una franja de luz.




