
Caravaggio · PD
San Juan Bautista en el desierto
Ficha
La historia
Hacia 1604, en Roma, Caravaggio pintó este cuadro para Ottavio Costa, un banquero ligur que manejaba dinero del papa y coleccionaba pintura. Costa debía enviarlo a un pequeño oratorio de una finca suya cerca de Albenga, en la Riviera, pero le gustó demasiado. Se quedó con el original y mandó allí una copia. Caravaggio despoja al joven Bautista de casi todo lo que suele identificarlo: sin aureola, sin cordero, sin filacteria con las palabras «He aquí el Cordero de Dios». En su lugar, un muchacho medio crecido se recuesta contra la sombra, y tras él un carnero mordisquea una vid seca y parda. Sus contemporáneos discutían precisamente esa llaneza, si un santo podía parecerse tanto a un chico cualquiera de la calle.




