
El tocador de mandolina
Ficha
La historia
En 1930 Derain miraba a Manet y, a través de él, a la pintura española. El museo considera a este músico una figura imaginaria, pintada en diálogo con los maestros del pasado y, en especial, con El pífano. Manet lo pintó en 1866, a la vuelta de un viaje a Madrid donde lo había deslumbrado Velázquez, en particular el retrato del bufón Pablo de Valladolid, una figura sola en un espacio vacío con su propia sombra como único apoyo. Aquí el músico se recorta sobre un fondo ocre desnudo, con pinceladas que cambian de dirección. La luz de la camisa está hecha con gruesos empastes blancos y las sombras con trazos negros enérgicos. En el mástil de la mandolina el contraste se invierte, cuerdas claras sobre madera oscura. Unos pequeños toques blancos encienden los ojos, la nariz y los labios.




