Gliptoteca de Múnich

Gliptoteca de Múnich

Múnich, Alemania · Sitio web


La historia

Quien entra en la Gliptoteca, en la Königsplatz, la plaza Real de Múnich, se fija en las paredes antes que en el mármol. Son de ladrillo visto bajo una fina capa de enlucido, y las bóvedas también. Es el aspecto de 1972, cuando el museo reabrió casi 30 años después de que los bombardeos de 1944 arrasaran sus interiores.

Las primeras salas eran muy distintas. El príncipe heredero Luis de Baviera, más tarde el rey Luis I, encargó el edificio al arquitecto Leo von Klenze, que lo levantó entre 1816 y 1830 para mostrar la escultura antigua que el príncipe iba reuniendo en Italia y Grecia. Su nombre, formado a partir de la palabra griega para tallar, significa lugar de esculturas, y es el museo público más antiguo de Múnich. La inscripción latina sobre el pórtico jónico dice aún que Luis lo fundó para exponer dignamente esas obras. Dentro, las estatuas se alzaban entre estucos de colores, suelos con dibujos y frescos de los dioses griegos pintados por Peter Cornelius.

Durante la guerra las esculturas se pusieron a salvo y sobrevivieron. Los frescos se perdieron. Cuando el arquitecto Josef Wiedemann rehízo las salas a partir de 1967, el museo decidió no recrearlos, y hoy las estatuas se recortan contra el ladrillo desnudo, más o menos en el orden en que fueron hechas. Se pasa de los primeros jóvenes griegos, los kuroi, a los guerreros del templo de Afaya, en la isla de Egina, y luego al Fauno Barberini, un sátiro dormido, a la Medusa Rondanini y a una larga fila de retratos romanos.

Una renovación entre 2018 y 2021 rehízo la instalación eléctrica, dejó la entrada sin escalones y restauró la fachada. En los muros exteriores, los restauradores dejaron a propósito visibles en la piedra las cicatrices de la guerra.

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Colección

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