Los dos palacios barrocos del Belvedere los construyó el arquitecto Johann Lucas von Hildebrandt para el príncipe Eugenio de Saboya, y quedaron terminados en 1723. Desde finales del siglo XVIII la pinacoteca imperial colgaba en el Belvedere Superior. En 1891 se trasladó al recién construido Museo de Historia del Arte de Viena, y el museo actual empezó de nuevo en mayo de 1903, cuando se abrió en el Belvedere Inferior la Galería Moderna. La consiguieron Gustav Klimt y los artistas de la Secesión de Viena, que durante los años anteriores habían ido comprando cuadros y regalándoselos al Estado.

El 20 de marzo de 1938, ocho días después del Anschluss, el nuevo director, Bruno Grimschitz, cerró la sección de arte moderno de la galería, y las compras que se hicieron bajo su dirección salieron de colecciones arrebatadas a los judíos de Viena. Después de que Austria aprobara en 1998 la ley de restitución, el museo empezó a revisar la procedencia de sus obras. El propio museo cuenta diez cuadros de Klimt devueltos a los herederos de sus antiguos dueños, y entre ellos está el retrato dorado de Adele Bloch-Bauer de 1907, que en 2006 compró la Neue Galerie de Nueva York.

1. El desposorio de María — Michael Pacher

El desposorio de María
El desposorio de MaríaMichael Pacher, 1497, Belvedere

Justo en el centro de la tabla se juntan las manos: José y María han unido sus diestras, y el sumo sacerdote, con una alta mitra cuajada de piedras, las sostiene por debajo mientras bendice con la otra mano. En esta escena José solía aparecer como un anciano, pero Pacher lo pintó joven, de rizos oscuros y barba rojiza, y su enorme manto de bermellón ocupa todo el tercio izquierdo de la tabla. En la mano lleva una fina vara verde que, según la tradición, floreció y así lo señaló como el esposo elegido. La vara se sale por el borde superior, y todas las figuras quedan cortadas a izquierda, a derecha y por abajo, más o menos a la altura de las rodillas, porque la tabla fue en su día más del doble de grande.

Es una de las alas del retablo mayor de la iglesia parroquial de Salzburgo, la actual iglesia de los Franciscanos. La ciudad encargó el retablo en 1484 a Michael Pacher, maestro de Bruneck, en el Tirol del Sur, y le pagó por él 3300 florines. Según las fuentes salzburguesas, fue el retablo de alas más grande y más caro de su tiempo. Pacher se trasladó a Salzburgo en 1495 para terminar el trabajo y murió allí en 1498.

En 1709 el retablo gótico fue sustituido por uno barroco, obra de Johann Bernhard Fischer von Erlach. Del antiguo solo se conservó la Virgen entronizada de talla, que para entonces se veneraba como imagen milagrosa, y las demás partes del retablo se repartieron entre distintos dueños. Los historiadores no han podido establecer cuándo se recortó esta ala pintada por las dos caras ni cuándo se serró a lo largo de su grosor. Su reverso se convirtió en un cuadro independiente, «La flagelación de Cristo», que también está en el Belvedere. Otro fragmento del retablo, la escena en que sus hermanos arrojan a un pozo a José, el del Antiguo Testamento, apareció en 1951 en el propio convento franciscano de Salzburgo.

2. Apoteosis del príncipe Eugenio — Balthasar Permoser

Apoteosis del príncipe Eugenio de Saboya
Apoteosis del príncipe Eugenio de SaboyaBalthasar Permoser, 1720, Belvedere

El príncipe Eugenio de Saboya, el general que combatió contra los turcos al servicio de los Habsburgo, tenía este grupo de mármol, en el que él mismo aparece como Hércules, en el comedor de los oficiales de su casa, en la planta baja de la torre suroeste del Belvedere Superior. Lo esculpió en Dresde Balthasar Permoser, escultor de la corte del príncipe elector de Sajonia, entre 1718 y 1721, poco después de las victorias de Eugenio sobre los turcos en Petrovaradin y Belgrado. El museo considera que el encargo lo hizo el propio Eugenio, aunque un diccionario biográfico alemán de 1887 afirmaba que no se sabía quién lo había encargado.

Eugenio está en el centro, con la armadura de su época y una aparatosa peluca de rizos, y sobre la armadura lleva echada una piel de león. A su izquierda sale volando en una larga diagonal la Fama con su trompeta, y el príncipe tapa el pabellón con la palma de la mano izquierda, como si no la dejara pregonar sus hazañas. A sus pies se encoge un prisionero turco. Según una tradición, Permoser le dio a ese turco su propio rostro, y el museo admite la posibilidad.

Eugenio nunca explicó por qué apartó el grupo de las salas de aparato. El museo propone dos hipótesis: que al príncipe el mármol le pareciera poco clásico, o que desde el principio lo encargara como un monumento para después de su muerte. Aun así, el grupo de Permoser se reprodujo en la portada de la serie de grabados con vistas del Belvedere que publicó Salomon Kleiner. Tras la muerte del príncipe en 1736, el mármol estuvo en un rincón del patio entre el jardín y el palacio. En 1836 se trasladó a la sala terrena de la planta baja, como pareja de la estatua del emperador Carlos VI del escultor Georg Raphael Donner, y en 1922 se llevó al Belvedere Inferior, al recién inaugurado Museo del Barroco.

3. Cabezas de carácter — Franz Xaver Messerschmidt

Cabeza de carácter n.º 33: Un archivillano
Cabeza de carácter n.º 33: Un archivillanoFranz Xaver Messerschmidt, 1780, Belvedere

En 1774 la Academia de Bellas Artes de Viena le negó la cátedra al escultor Franz Xaver Messerschmidt, aunque llevaba cinco años sustituyendo al profesor de escultura y antes había hecho bustos de María Teresa y de su marido. El canciller de Estado Kaunitz, si hay que creer a quienes resumen su carta, escribió a la emperatriz que apreciaba el talento de Messerschmidt, y mencionó una «confusión en la cabeza» y una conducta impropia. El escultor no aceptó la pensión que le ofrecieron a cambio del puesto, se marchó de Viena y en 1777 se instaló en casa de su hermano en Presburgo, la actual Bratislava.

Empezó las cabezas hacia 1770 y siguió haciéndolas hasta su muerte en 1783, sin encargo, para sí mismo. Los conservadores del Belvedere creen que partía de su propio rostro y que iba reuniendo un repertorio de expresiones. El editor berlinés Friedrich Nicolai, que lo visitó en 1781, contó que Messerschmidt se pellizcaba bajo las costillas y miraba en el espejo la mueca que le salía.

La cabeza número 33 está fundida en una aleación de estaño y plomo. Se hunde en el pecho hasta que la barbilla se pierde en los pliegues del cuello, los ojos están apretados hasta formar arrugas en las sienes, la nariz fruncida, y la boca cerrada en una línea que se levanta por las comisuras, que lo mismo puede ser una sonrisa contenida que un esfuerzo. El Belvedere la compró en 1923 en la casa de subastas vienesa de Albert Kende. En total el museo tiene unas 16 cabezas, y varias de ellas se las han prestado sus propietarios.

Durante buena parte del siglo XX las cabezas se explicaron por una enfermedad mental del escultor, y en una exposición de 2025 el Belvedere discutió esa lectura situándolas junto a los estudios de la expresión facial del siglo XVIII. Los títulos de las cabezas aparecieron después de la muerte de Messerschmidt. Su hermano Johann Adam las compró en la subasta de los bienes del difunto y hacia 1791 se las vendió a Franz Strunz, dueño de un restaurante en Viena. En noviembre de 1793 Strunz expuso 49 cabezas en el Bürgerspital, un gran asilo municipal donde por entonces llevaba la cocina. Un folleto anónimo de la exposición dio un nombre a cada cabeza. La número 33 se llamó «Un archivillano», y el museo sigue citando ese apodo junto al número.

4. Bonaparte en el paso del Gran San Bernardo — Jacques-Louis David

Napoleón cruzando los Alpes
Napoleón cruzando los AlpesJacques-Louis David, 1801, Belvedere

El retrato del primer cónsul Bonaparte pintado por Jacques-Louis David salió de París hacia Milán en 1803, con destino al palacio de la República Italiana, que Francia mantenía entonces bajo su control. En 1834, cuando Milán volvía a pertenecer a Austria, el cuadro se llevó a Viena, a la galería imperial, que por entonces ocupaba el Belvedere Superior. Así fue como el retrato de aparato de un enemigo reciente de los Habsburgo acabó en el palacio del príncipe Eugenio. Cuando en 1891 la galería se mudó al nuevo Museo de Historia del Arte, el cuadro se fue con ella, sigue perteneciendo a ese museo y está en el Belvedere en calidad de préstamo.

David y su taller pintaron cinco versiones de este retrato (es la cuenta habitual), y la de Viena está fechada en 1801 o 1802. Se la reconoce por la capa rojo anaranjada y el caballo tordo rodado. El caballo se encabrita sobre un saliente nevado, la capa se hincha por encima del jinete, y Bonaparte mira tranquilo al espectador y señala hacia arriba con la mano. Abajo a la izquierda hay tres nombres grabados en las piedras: BONAPARTE, debajo un ANNIBAL medio borrado y más abajo aún KAROLVS MAGNVS IMP, es decir, Aníbal y Carlomagno, que también cruzaron los Alpes con sus ejércitos, y de los tres el de Bonaparte es el más nítido. En realidad, en mayo de 1800 cruzó el paso a lomos de una mula, con un guía.

5. La mañana del Corpus Christi — Ferdinand Georg Waldmüller

La mañana del Corpus Christi
La mañana del Corpus ChristiFerdinand Georg Waldmüller, 1857, Belvedere

Ferdinand Georg Waldmüller, conservador de la pinacoteca de la Academia de Bellas Artes de Viena con rango de profesor, envió en 1857 al ministro de Hacienda, saltándose a sus superiores, un folleto sobre cómo reanimar el arte patrio. Ya antes, en 1846 y 1849, había atacado por escrito la enseñanza académica y había exigido que los alumnos aprendieran del natural en lugar de copiar. Por el folleto de 1857 el Estado lo castigó jubilándolo con medio sueldo. En 1864 el emperador le devolvió el sueldo completo y lo rehabilitó, y en 1865 Waldmüller murió.

El cuadro está fechado ese mismo año de 1857. Desde 1912 está en el museo, pero pertenece a la asociación de amigos del Belvedere, que ese año lo convirtió en su primera compra y se lo cedió en préstamo a la galería del Estado.

El sol de la mañana cae en el centro del patio, sobre cuatro niñas con vestidos blancos de muselina y coronas de flores, y en ellas se concentra la luz más intensa del cuadro. A la derecha, un niño con chaqueta verde se aleja con un cirio alto envuelto en flores y cintas y se vuelve con una amplia sonrisa. En primer plano hay niños con ropa de diario, descalzos. Una niña está de rodillas y ofrece una coronita, otra se ha agachado y alarga la mano hacia las flores que lleva una amiga vestida de fiesta. En 2021, en una exposición sobre la pobreza en la pintura vienesa del Biedermeier, el Belvedere explicó esa diferencia sin rodeos: los niños descalzos no irán en la procesión. A la izquierda, apartado de todos, un anciano con blusón azul está sentado en un banco con la cabeza gacha, y junto a la pared, a su lado, una niña se aprieta el dorso de la mano contra el ojo.

La mañana del Corpus Christi
La mañana del Corpus ChristiFerdinand Georg Waldmüller, 1857, Belvedere

6. Los cinco sentidos — Hans Makart

El barón Joseph Alexander von Helfert encargó a Hans Makart cinco cuadros para su piso del Parkring, uno de los tramos de la Ringstrasse de Viena. En cada uno aparece una mujer desnuda de cuerpo entero y a tamaño natural, y cada lienzo mide más de tres metros de alto y es más estrecho que una puerta corriente, porque los cuadros iban a colgarse en los entrepaños entre las ventanas. Según el museo, nunca llegaron al piso de Helfert, y el museo no dice por qué. Makart empezó el ciclo en 1872 y lo terminó a finales de 1879, en los años en que era el pintor de moda en Viena.

En el reverso de «La vista» hay una inscripción, «pintado para H. O. Miethke, 1879», y una reserva de los derechos de reproducción. Miethke, marchante vienés, publicó el ciclo en grabados y llevó los cuadros a exposiciones en Dresde, Viena y Berlín. Los investigadores todavía no han encontrado ningún documento que relacione el encargo de Helfert con esa inscripción.

Los cinco sentidos: la vista
Los cinco sentidos: la vistaHans Makart, 1879, Belvedere
Los cinco sentidos: el oído
Los cinco sentidos: el oídoHans Makart, 1875, Belvedere

De los cinco lienzos, los que más se exponen son «La vista» y «El oído». En «La vista» la mujer sostiene junto al hombro un espejito ovalado con marco dorado, aunque mira hacia otro lado. Sobre su cabeza se abre una enorme hoja de palmera en abanico, y solo en ese punto del lienzo se ve el cielo. En «El oído» se ha puesto de perfil y se lleva los dedos a la oreja. El museo describe las cinco figuras como las posturas de un mismo cuerpo que gira lentamente.

El Estado compró el ciclo a Miethke en 1901, el año en que el emperador aprobó la creación de una galería estatal de arte moderno.

7. Primavera en el Prater — Tina Blau

En 1882 Tina Blau envió a la Primera Exposición Internacional de Arte del Künstlerhaus de Viena, la sede de exposiciones de la principal asociación de artistas de la ciudad, un lienzo de unos dos metros de alto por tres de ancho. Esas dimensiones eran entonces las de los grandes cuadros de salón, y Blau pintó en él el Prater en primavera, el gran parque de Viena. Según la historia que repiten todos sus biógrafos, el jurado de admisión quería rechazar el cuadro: entre los lienzos oscuros, pintados en el tono apagado de las galerías, resultaba demasiado claro y, como se dijo en el jurado, habría abierto un agujero en la pared. Hans Makart, el autor de «Los cinco sentidos», salió en su defensa y el cuadro se colgó, aunque en un rincón. En 1899 se compró para la pinacoteca imperial.

Primavera en el Prater
Primavera en el PraterTina Blau, 1882, Belvedere

La mitad superior del lienzo la ocupa un cielo azul pálido con nubes alargadas. A la derecha se alzan enormes árboles viejos cuyas copas desnudas empiezan apenas a cubrirse de un follaje pálido, verde amarillento. Por el camino soleado avanzan hacia el espectador una dama con sombrilla color crema, una dama de vestido oscuro y una niña pequeña, y a la izquierda dos chicos con los pantalones remangados están descalzos en una charca poco profunda. El cuadro está pintado en ocre, color paja y azul pálido, y las únicas manchas oscuras son los vestidos y los troncos.

Por entonces las mujeres no podían entrar en la Academia de Bellas Artes de Viena, y Blau estudió con profesores particulares y después en Múnich. En 1883 «Primavera en el Prater» se expuso en el Salón de París, y allí, según la mayoría de las fuentes, recibió una mención honorífica.

8. El almirante Tegetthoff en la batalla naval de Lissa — Anton Romako

Almirante Tegetthoff en la batalla naval de Lissa I
Almirante Tegetthoff en la batalla naval de Lissa IAnton Romako, 1879, Belvedere

El Belvedere, al describir el cuadro de Anton Romako, señala que en él no hay mar, ni banderas, ni barcos en llamas, es decir, nada de aquello con lo que se solía glorificar una victoria naval. La batalla junto a la isla de Lissa, en el Adriático, se libró el 20 de julio de 1866. El buque insignia del contraalmirante Wilhelm von Tegetthoff embistió y hundió el acorazado italiano «Re d'Italia», y los austriacos derrotaron a una flota italiana más poderosa, aunque ese mismo año Austria perdió la guerra en tierra y cedió el Véneto a Italia.

La tabla, alta y estrecha, está dividida en dos franjas. Arriba, en el puente de mando, hay cuatro oficiales, y Tegetthoff, en el centro, con las piernas separadas y los brazos caídos, mira de frente al espectador. Abajo, seis o siete marineros se echan con todo el cuerpo sobre la enorme rueda del timón, que corta el borde inferior del cuadro: uno tiene los ojos desorbitados, otro se tapa la boca con la mano. Entre las dos franjas se extiende un humo pálido. El suceso solo se nombra en la inscripción del ángulo superior derecho, «Tegetthoff en Lissa embiste al acorazado “Re d'Italia”», y Romako eligió los segundos anteriores al choque.

Romako había vuelto a Viena en 1876, después de pasar casi dos décadas en Roma pintando retratos para extranjeros, y quería triunfar como pintor de historia. En 1882 se expuso una de las versiones del cuadro en el Künstlerhaus, y el público se burló de ella porque aquel Tegetthoff le pareció poco heroico. El Belvedere posee dos versiones, una grande y otra reducida, y no siempre están expuestas en las salas. La grande la compró el museo en 1955 a Gustav Kauders, que entonces vivía en Nueva York. El cuadro solo fue reconocido después de la muerte de Romako en 1889, y el pintor Oskar Kokoschka decía que Romako era uno de sus principales modelos.

9. Las malas madres — Giovanni Segantini

Las malas madres
Las malas madresGiovanni Segantini, 1894, Belvedere

En 1901 los artistas de la Secesión de Viena regalaron al Estado un cuadro de Giovanni Segantini que habían comprado entre todos, junto con varios coleccionistas particulares. Klimt y sus compañeros habían fundado la Secesión en 1897, al separarse del conservador Künstlerhaus, y desde entonces luchaban para que Viena tuviera una galería estatal de arte moderno. Cuando se inauguró en mayo de 1903, «Las malas madres» colgaban en su primera presentación. El propio Segantini, a quien los secesionistas consideraban su precursor, había muerto en los Alpes en 1899.

En el cuadro hay un valle nevado al pie de las montañas y un solo árbol desnudo y retorcido. En su horquilla ha quedado enredada una mujer: la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, el pelo rojizo extendido por las ramas, y la parte inferior del cuerpo envuelta en una tela oscura y desgarrada que se convierte en corteza. Junto a su pecho está la cabecita de un niño que sale de una rama y mama, y de lejos esa cabeza pasa fácilmente inadvertida. Todo el lienzo, la nieve y el cielo incluidos, lo pintó Segantini con pinceladas finas y separadas, parecidas a hilos.

Segantini tomó el tema del poema «Nirvana», que su amigo Luigi Illica, futuro libretista de Puccini, hacía pasar por la traducción de un antiguo texto indio. En él, las madres que han renunciado a la maternidad vagan como castigo por un valle helado hasta que se reconcilian con sus hijos. La madre de Segantini murió cuando él tenía unos siete años. En 1911 Karl Abraham, discípulo berlinés de Freud, partió de ahí para escribir un ensayo psicoanalítico sobre el pintor, que se publicó en Viena.

Las malas madres
Las malas madresGiovanni Segantini, 1894, Belvedere

10. La llanura de Auvers — Vincent van Gogh

El 2 de julio de 1890, desde Auvers-sur-Oise, Vincent van Gogh escribió a su hermano Theo y a su cuñada sobre un paisaje apaisado de campos: un motivo que habría podido elegir el paisajista francés Georges Michel, solo que en verde tierno, amarillo y verde azulado. El lienzo es el doble de largo que de alto, el horizonte está subido casi hasta el borde superior, y el cielo ha quedado como una franja estrecha y uniforme de color turquesa. Debajo se extienden los retazos de los campos en amarillo pálido, verde claro y verde azulado, cada uno rodeado por un contorno oscuro. A la izquierda hay un gran almiar, y abajo, en la hierba, se esparcen puntos rojos y naranjas de amapolas, la única zona cálida del cuadro. Menos de cuatro semanas después de la carta, Van Gogh se disparó y murió dos días más tarde.

La llanura de Auvers
La llanura de AuversVincent van Gogh, 1890, Belvedere

A principios de 1903 la Secesión de Viena organizó una exposición sobre la evolución del impresionismo, y en su última sección, junto a Gauguin, Toulouse-Lautrec y Bonnard, colgaban cinco cuadros de Van Gogh. La Secesión compró «La llanura de Auvers» en esa exposición para la nueva galería estatal y se la entregó oficialmente en 1909. Es una de las primeras obras de Van Gogh que entraron en un museo. Viena le compró poco, y hasta 1914 había en las colecciones vienesas 13 cuadros suyos, frente a 156 en Alemania.

11. El cocinero (el tío Paul) — Claude Monet

Retrato del tío Paul
Retrato del tío PaulClaude Monet, 1882, Belvedere

Paul Graff, un alsaciano, regentaba con su mujer, Eugénie, un hotel con restaurante en Pourville, cerca de Dieppe, y en febrero de 1882 se alojó allí Claude Monet, que había llegado para pintar los acantilados y el mar de Normandía. Cuando hacía mal tiempo, Monet trabajaba dentro de la casa y pintó dos galettes, las tortas por las que era famosa la cocina de Graff, a la tímida Eugénie y al propio dueño, «un viejo cocinero greñudo con gorro blanco», como lo llamó Daniel Wildenstein, autor del catálogo de Monet.

El gorro, alto y blando, se vence hacia la izquierda, y Monet lo pintó con rápidos bucles blancos, con lila, azul claro y rosa en los pliegues, con la pintura tan diluida que a través de ella asoma la trama del lienzo. Lo más empastado es la barba, una masa enmarañada de pinceladas negro azuladas, verde botella y oliva. Le tapa la barbilla y la boca, y la sonrisa solo se adivina por las mejillas. El fondo verde menta está puesto con pinceladas anchas, en círculo alrededor de la silueta, y por debajo del pecho la chaqueta blanca apenas está esbozada.

En marzo de 1883 Monet presentó el retrato en su exposición individual en la galería del marchante parisino Paul Durand-Ruel, y en el catálogo el apellido del dueño salió mal escrito, Graft. En 1903 el cuadro se compró en la exposición de impresionismo de la Secesión de Viena, la misma en la que la Secesión adquirió «La llanura de Auvers», y en mayo colgaba en la primera presentación de la Galería Moderna. Los registros del museo no indican quién pagó, si el ministerio o la Secesión. De los otros dos cuadros de Monet del Belvedere, uno, «Un sendero en el jardín de Monet en Giverny», llegó al museo por un camino muy distinto y solo en 1942.

12. Judith — Gustav Klimt

Judith con la cabeza de Holofernes
Judith con la cabeza de HolofernesGustav Klimt, 1901, Belvedere

El marco de «Judith» lo hizo Georg, el hermano menor de Gustav Klimt, cincelador y grabador, y en su listón superior están grabadas en letras grandes la palabra «IVDITH», debajo «HOLOFERNES» y a un lado un pequeño «UND». Los bocetos del marco aparecen en el álbum rojo de Klimt ya en 1898, y el marco estaba terminado antes de que el cuadro se mostrara por primera vez, en la décima exposición de la Secesión de Viena, en marzo de 1901. El título, por tanto, figuraba en el marco antes de que nadie viera el cuadro, y aun así en Viena, Múnich y Berlín la llamaron Salomé. «Es mucho más Salomé que Judith», escribió el 1 de abril de 1901 el periódico «Wiener Zeitung», y en el catálogo de la exposición de Berlín de 1905 el cuadro figuraba precisamente como «Salomé».

Klimt era la figura principal de la Secesión y llevaba ya dos años enfrentado a la Universidad por los cuadros para el techo de su Aula Magna: los profesores protestaron contra «La Filosofía», y «La Medicina» se expuso en la misma exposición que «Judith».

Judith echa la cabeza hacia atrás y mira al espectador bajo unos párpados pesados, con los labios entreabiertos. Le ciñe el cuello un ancho collar de oro, y las piedras azules y rojas están pintadas con tanta materia que sobresalen de la superficie del lienzo. Detrás de su cabeza hay un fondo de oro en el que asoman árboles, montañas y vides, tomados, según el museo, de un relieve del palacio del rey asirio Senaquerib en Nínive. La cabeza de Holofernes solo se ve en el ángulo inferior derecho. La mano de Judith, con los dedos abiertos, descansa en el pelo oscuro de Holofernes, de su cara quedan un ojo cerrado y parte de una mejilla, y el resto lo corta el marco.

En 1901 compró el cuadro el médico vienés Anton Loew. Tras su muerte en 1907 quedó en manos de su viuda, en 1920 se vendió en una subasta en Ginebra por 3750 francos, y hasta 1954 perteneció a Berthe Hodler, viuda del pintor suizo Ferdinand Hodler. En 1954 la Galería Austriaca compró «Judith» a Berthe Hodler por 3000 francos suizos.

Judith con la cabeza de Holofernes
Judith con la cabeza de HolofernesGustav Klimt, 1901, Belvedere

13. El beso — Gustav Klimt

El beso
El besoGustav Klimt, 1907, Belvedere

El 10 de julio de 1908 el Ministerio de Cultos e Instrucción compró a Gustav Klimt un cuadro que entonces se llamaba «Los amantes», cuando todavía colgaba en la exposición Kunstschau. Klimt y su círculo habían organizado esa exposición después de abandonar la Secesión en 1905. El ministerio pagó 25 000 coronas, más de lo que la Galería Moderna había pagado nunca a un artista vivo, y compró el cuadro sin terminar. En una nota interna del ministerio consta que el ángulo inferior izquierdo aún no estaba acabado, y el 16 de julio Klimt respondió desde el lago Attersee que terminaría «Los amantes» en cuanto se clausurara la exposición. Se llevó el lienzo al taller y no lo entregó a la galería hasta el 22 de julio de 1909. El título de «El beso» se le dio ese mismo otoño, en el suplemento del catálogo de la Galería Moderna.

Un prado de florecillas violetas, azules, amarillas y blancas ocupa solo la parte izquierda de la zona inferior y se interrumpe en un borde brusco, tras el cual empieza el fondo. Los pies descalzos de la mujer se apoyan justo en ese borde, con los dedos doblados hacia abajo. El fondo que rodea a la pareja lo cubrió Klimt con una veladura oscura de bronce oliváceo y, con la veladura aún húmeda, espolvoreó encima partículas metálicas.

Los retoques posteriores a la compra se ven si se compara el cuadro con las fotografías de la exposición que hizo el fotógrafo Moriz Nähr. En ellas las flores de la parte izquierda del prado forman matas sueltas, y ahora se han fundido en una alfombra continua. Las radiografías mostraron que Klimt, en esa misma época, regularizó el dibujo del borde del manto del hombre y alargó unos centímetros las piernas de la mujer por debajo de las rodillas.

14. Autorretrato riendo — Richard Gerstl

Autorretrato riendo
Autorretrato riendoRichard Gerstl, 1908, Belvedere

El 4 de noviembre de 1908 Richard Gerstl, que tenía 25 años, quemó en su taller cartas y papeles y se quitó la vida delante del espejo. Había tenido una relación estrecha con el compositor Arnold Schönberg, pintaba con él y le daba clases de pintura, y en 1908 tuvo un romance con Mathilde, la mujer de Schönberg, que al final volvió con su marido. En vida Gerstl no expuso ni una sola vez y se mantuvo al margen de las asociaciones artísticas de Viena.

Tras su muerte, la familia guardó los cuadros, y en 1930 o 1931 su hermano Alois se los enseñó al marchante vienés Otto Kallir. En septiembre de 1931 Kallir inauguró en su galería, la Neue Galerie, la exposición «Richard Gerstl. El destino de un pintor», y hasta entonces nadie salvo la familia había visto las obras de Gerstl en 23 años. A partir de 1938 los nazis lo incluyeron entre los artistas «degenerados», y hasta 1945 no se le pudo exponer. En 1946 la Galería Austriaca compró el autorretrato a la Neue Galerie.

En el autorretrato Gerstl se ríe con la boca muy abierta, de modo que se le ven todos los dientes de arriba, pero tiene los ojos entornados y vidriosos, y en el Belvedere describen esa risa como más amenazadora que alegre. El fondo está cubierto por completo de pinceladas cortas marrones, oliva y ocres, y llega hasta la misma cabeza. La cara está pintada en naranja, rojo y rosa encendidos, alrededor de la boca y en la barba de pocos días hay pinceladas amarillo verdosas, y el cuello se alza como una larga columna amarillo verdosa.

El Belvedere fecha el retrato en 1908, el último año de vida de Gerstl, mientras que los autores del catálogo de su obra sitúan el autorretrato en el verano de 1907, que pasó en Gmunden, a orillas del lago Traunsee, cerca de la familia de Schönberg.

15. La muerte y la doncella — Egon Schiele

La muerte y la doncella
La muerte y la doncellaEgon Schiele, 1915, Belvedere

Desde 1911 Wally Neuzil fue la modelo y la compañera de Egon Schiele. A finales de 1914 él empezó a cortejar a Edith Harms, que vivía en la casa de enfrente de su taller, se casó con ella el 17 de junio de 1915 y a los pocos días fue llamado a filas. Ese mismo año de 1915 pintó este cuadro. En el Belvedere creen que representa a Wally y al propio Schiele, aunque el pintor tituló el lienzo «Hombre y muchacha» y «Personas entrelazadas», y el título «La muerte y la doncella» apareció más tarde.

Los dos están arrodillados sobre una enorme sábana blanca arrugada, tendida sobre una tierra parda y pedregosa. El hombre, con un hábito marrón oscuro, mira con unos ojos redondos y muy abiertos más allá del espectador y más allá de la mujer, y le pone en la nuca una mano de dedos largos y huesudos. Ella lo rodea con sus brazos delgados, y sus dos manos, con los dedos abiertos, descansan planas sobre el pecho de él. El borde de su vestido corto lo dibujó Schiele como una sierra afilada de trazos rosas, rojos y verde pálido.

El cuadro lo compró la Secesión de Múnich cuando Schiele aún vivía, y en la primavera de 1918 colgó en la gran exposición de Schiele en la Secesión de Viena, donde el crítico Hermann Menkes lo llamó «un poema maravilloso de fantasía, dibujo y composición». El museo se lo compró a la Secesión de Múnich en 1930, 12 años después de la muerte del pintor. Wally Neuzil se formó como enfermera y murió de escarlatina en diciembre de 1917 en Sinj, una pequeña ciudad de Dalmacia adonde la habían destinado en servicio de guerra.

La muerte y la doncella
La muerte y la doncellaEgon Schiele, 1915, Belvedere

16. Retrato de la esposa del artista, Edith Schiele — Egon Schiele

Retrato de la esposa del artista, Edith Schiele
Retrato de la esposa del artista, Edith SchieleEgon Schiele, 1918, Belvedere

Franz Martin Haberditzl, director de la galería estatal desde 1915, compró este retrato en 1918 al marchante vienés Gustav Nebehay, poco después de la gran exposición de primavera de Schiele en la Secesión. Fue el primer cuadro de Schiele que adquirió un museo austriaco, y se compró en vida del pintor. Después Schiele repintó el vestido del retrato. La ficha del Belvedere dice que al director la falda de cuadros de colores le pareció demasiado llamativa y con aire de artes aplicadas, y que a petición suya se cubrió con tonos apagados. En el Museo Leopold de Viena, que reúne la mayor colección de obras de Schiele y guarda una fotografía de la primera versión, escriben con más cautela que el motivo del cambio no se ha establecido del todo.

En la fotografía antigua Edith está sentada en la misma postura, con una falda de cuadros grandes, en un sillón de madera que se distingue bien, sobre un fondo claro con el suelo abajo. En el cuadro la falda se ha vuelto de un gris blanquecino con vetas pardas y verdes, en el cuello ha aparecido un lazo negro de cintas largas con una pequeña borla rojo anaranjada, bajo el borde asoman unos botines marrones, y el sillón y la habitación se han hundido en el fondo oscuro. En 2018 los restauradores del Belvedere hicieron, a partir de radiografías y fotografías infrarrojas, una reconstrucción digital de la primera versión.

El Belvedere expone sus cuadros de Schiele por turnos, y este retrato no siempre está en las salas. El Museo Leopold compró la fotografía del primer estado en 2023.

17. Pareja en cuclillas (La familia) — Egon Schiele

La familia
La familiaEgon Schiele, 1918, Belvedere

En un lienzo casi cuadrado, tres figuras forman una pirámide sobre un fondo pardo oscuro. Arriba está en cuclillas un hombre desnudo con la cara del propio Schiele, con las rodillas muy separadas, de modo que sus piernas enmarcan a la mujer, y mira de frente al espectador. La mujer está sentada más abajo, más pálida y más suave, con los ojos bajos y desviados, y entre sus pies un niño envuelto en una manta verde oscuro mira de lado, más allá de los dos adultos. Ninguno de los tres mira a los otros.

La fotografía infrarroja de 2018 mostró que al principio el hombre apoyaba la barbilla en la mano derecha. Schiele bajó esa mano, y ahora está levantada delante del pecho, con la palma hacia él y los dedos abiertos.

Schiele llamaba al cuadro «Pareja en cuclillas», y fue Berta Zuckerkandl, periodista vienesa y anfitriona de un salón literario, quien después de su muerte lo tituló «La familia». Desde 1918 el cuadro perteneció al pintor Hans Böhler, de una familia de industriales del acero, y el museo se lo compró en Nueva York en 1948.

Edith Schiele esperaba un hijo desde la primavera de 1918. Murió de gripe española el 28 de octubre, embarazada de seis meses, Schiele murió tres días después, y el cuadro quedó sin terminar. La mano izquierda del hombre, que cuelga de la rodilla, apenas está esbozada, y los ángulos inferiores del lienzo solo están abocetados.

18. La novia — Gustav Klimt

Gustav Klimt murió el 6 de febrero de 1918, tras un ictus sufrido en enero, y en los caballetes de su taller de Hietzing quedaron varios cuadros empezados. Entre ellos había una gran alegoría a la que ya después de su muerte se le dio el título de «La novia».

La mitad izquierda del lienzo está terminada. Allí se amontonan figuras femeninas desnudas entre telas rojo anaranjadas de estampado abigarrado, muchas con los ojos cerrados, junto al borde duerme un bebé, y arriba hay un hombre vestido de naranja, el único que mira con los ojos abiertos. Hacia él inclina la cabeza la novia, con dos largas trenzas oscuras, y en lugar de cuerpo tiene la columna azul oscuro de un vestido empezado. La mitad derecha ha quedado casi como lienzo desnudo. En ella hay una gran figura desnuda con las piernas separadas y la cabeza solo contorneada al carboncillo, y sobre las caderas Klimt ya le ha puesto una falda de triángulos, espirales y bucles planos amarillos, verdes, rojos y azules, a través de los cuales se ve el cuerpo pintado debajo. Klimt pintaba primero la figura desnuda entera y solo después la vestía de ornamento, y aquí el trabajo se detuvo a la mitad.

El cuadro pertenece a la Fundación Klimt, una fundación privada de Viena, y desde 2014 está en el Belvedere en calidad de préstamo. A la muerte del pintor pasó a su compañera y heredera, Emilie Flöge, después acabó en manos del hijo natural de Klimt, el director de cine Gustav Ucicky (por qué vía, la fundación no lo dice), y en 2013 la viuda de Ucicky, Ursula, lo cedió a la fundación que ella misma acababa de crear.

La novia
La noviaGustav Klimt, 1917, Belvedere

En el último álbum de Klimt hay más de 40 bocetos para este cuadro, y en varios de ellos prueba distintas inclinaciones de la cabeza de la figura de la derecha.

19. Un sendero en el jardín de Monet en Giverny — Claude Monet

Un sendero en el jardín de Monet en Giverny
Un sendero en el jardín de Monet en GivernyClaude Monet, 1902, Belvedere

El banquero berlinés Robert von Mendelssohn compró este cuadro en 1904 al marchante parisino Durand-Ruel, y a su muerte en 1917 pasó a su viuda, la pianista italiana Giulietta von Mendelssohn. En 1941 Giulietta, que vivía en Italia, vendió al Reich la villa del barrio berlinés de Grunewald, y unos intermediarios de confianza llevaron los cuadros de la colección a Viena. En 1942 la cancillería del gobernador nazi en Viena compró 32 obras a través del marchante vienés Otto Schatzker y las repartió entre los museos. El Museo de Historia del Arte recibió un autorretrato de Rembrandt, y a la Galería Austriaca le tocaron cinco cuadros de Corot, Degas, Manet y Monet, entre ellos este. En enero de 1943 la galería lo mostró en una exposición de las adquisiciones de 1942.

Monet pintó el cuadro en 1902 en su propio jardín de Giverny, donde vivía desde 1883. Un camino de arena parte del borde inferior, justo en el centro del lienzo, y va derecho hacia la casa, de la que solo se ven un trozo de fachada rosa rojiza y una puerta oscura, medio ocultos por la vegetación. Sobre la arena pálida hay manchas de sombra azules y violetas, a ambos lados se alzan altos arriates de ásteres, capuchinas y dalias, y arriba las copas casi se cierran en un túnel. Monet firmó «Claude Monet 02» con pintura roja abajo a la derecha, entre las flores rojas.

En 2019 se volvió a investigar la procedencia de los cuadros de la colección Mendelssohn, y en mayo de 2023 el Consejo Asesor para la Restitución de Austria recomendó no devolver «Un sendero en el jardín de Monet en Giverny», al considerar que la venta no había sido consecuencia de una persecución política ni de una situación de necesidad de la vendedora.

20. Retrato de Amalie Zuckerkandl — Gustav Klimt

Retrato de Amalie Zuckerkandl
Retrato de Amalie ZuckerkandlGustav Klimt, 1917, Belvedere

Amalie Zuckerkandl, hija del escritor vienés Sigmund Schlesinger, estaba casada con el cirujano Otto Zuckerkandl, y en 1913 o 1914 su marido encargó a Klimt su retrato. La guerra interrumpió el trabajo, en 1917 Klimt lo retomó, y en febrero de 1918, cuando murió, el retrato quedó sin terminar.

Solo están terminados la cabeza, el cuello y los hombros desnudos: la cara pálida de mejillas rosadas, la boca pequeña y roja, el pelo oscuro recogido en alto, una cinta negra con encaje blanco en la garganta. El fondo detrás de Amalie está pintado en turquesa menta, y todo lo que queda por debajo de los hombros es imprimación desnuda con el dibujo a lápiz de los pliegues del chal, de la mano y de un estampado de flores. Aquí y allá, sobre ese dibujo, hay manchas sueltas de rosa y de azul claro, como si Klimt hubiera empezado a probar colores. La fotografía infrarroja mostró que la boca estaba dibujada al principio cerrada y que se pintó ligeramente entreabierta.

En 1919 los Zuckerkandl se divorciaron, el retrato se quedó con Amalie, y en la década de 1920, necesitada de dinero, se lo vendió al industrial del azúcar Ferdinand Bloch-Bauer, el marido de Adele, la del retrato dorado. Al marcharse a Suiza, Bloch-Bauer devolvió el cuadro sin cobrar nada a la familia, a la hija de Amalie, Hermine Müller-Hofmann. En 1942 Hermine vendió el retrato por 1600 marcos del Reich a Vita Künstler, que desde 1938 llevaba la Neue Galerie en lugar de Otto Kallir, que había emigrado, el mismo que en 1931 había mostrado por primera vez los cuadros de Gerstl. Ese mismo año de 1942 Amalie fue deportada y asesinada. En 1988 el retrato ingresó en la Galería Austriaca como donación de Vita Maria y Gustav Künstler.

Después reclamaron el retrato dos grupos de herederos, los de Ferdinand Bloch-Bauer y los de Hermine. Examinó su disputa la misma comisión arbitral de tres miembros que en enero de 2006 había resuelto devolver a los Bloch-Bauer el retrato de Adele. Sobre Amalie la comisión dictó en mayo de 2006 una resolución aparte, según la cual ninguno de los dos grupos tenía derecho al cuadro, y el retrato se quedó en Viena. El 1 de abril de 2008 el Tribunal Supremo de Austria confirmó esa resolución.

La Galería Moderna se abrió en 1903 en buena parte gracias a los artistas de la Secesión. Después del Anschluss, el nuevo director compró obras de colecciones judías confiscadas. Desde 1998 el Belvedere revisa la procedencia de esas adquisiciones. En 2006 el museo devolvió a los herederos Bloch-Bauer cinco cuadros de Klimt, y en 2008 el Tribunal Supremo dejó el retrato de Amalie Zuckerkandl en la colección del Estado.

Retrato de Amalie Zuckerkandl
Retrato de Amalie ZuckerkandlGustav Klimt, 1917, Belvedere

Qué más ver

Según el recuento del propio museo, el Belvedere tiene 24 óleos de Klimt, más que ningún otro lugar del mundo, y en una segunda visita conviene empezar por sus retratos de Sonja Knips y Fritza Riedler y por sus paisajes del lago Attersee. También merecen atención los cuadros de Oskar Kokoschka, el Biedermeier vienés, sobre todo el retrato de Rudolf von Arthaber con sus hijos, obra de Friedrich von Amerling, y dos cuadros de Caspar David Friedrich. Otra obra de Klimt de la colección del Belvedere, el «Friso de Beethoven», está en el edificio de la Secesión.

Sonja Knips
Sonja KnipsGustav Klimt, 1898, Belvedere
Fritza Riedler
Fritza RiedlerGustav Klimt, 1906, Belvedere
Castillo de Kammer en el Attersee III
Castillo de Kammer en el Attersee IIIGustav Klimt, 1910, Belvedere
Casa de campo junto al Attersee
Casa de campo junto al AtterseeGustav Klimt, 1914, Belvedere
Rudolf von Arthaber y sus hijos Rudolf, Emilie y Gustav
Rudolf von Arthaber y sus hijos Rudolf, Emilie y GustavFriedrich von Amerling, 1837, Belvedere