Cada obra del Rijksmuseum tiene un número de inventario, y el de «La ronda de noche» de Rembrandt empieza por las letras SK-C. La C indica que el cuadro pertenece a la ciudad de Ámsterdam y está en el museo en calidad de préstamo desde 1885, cuando se inauguró el edificio actual, obra del arquitecto Pierre Cuypers. Con números del mismo tipo figuran «Los síndicos» de Rembrandt, que la ciudad cedió al museo ya en 1808, y los cuadros que el banquero Adriaan van der Hoop, muerto en 1854, legó a Ámsterdam. Los cuadros con la letra A pertenecen al Estado.
La Galería Nacional de Arte, de la que nació el Rijksmuseum, se abrió en La Haya en 1800, en tiempos de la República Bátava, y en 1808 el rey Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, trasladó la colección a Ámsterdam. La colección reúne cerca de un millón de piezas, fechadas entre 1200 y 2000, y el museo debe su fama al siglo XVII holandés.
Contaremos la historia de 25 obras en las que se ve quién pagó por ellas, quién las rehízo o las estropeó y quién luchó por quedárselas: una iglesia, una compañía de milicia, un comerciante, una república, una nación. Empezamos con un políptico pintado en 1504, probablemente por encargo del hospicio de Alkmaar, y terminamos con un Rembrandt que el Estado compró en 2022 a los Rothschild por 175 millones de euros.
Antes de la República: cuadros para la Iglesia y la corte
1. Las siete obras de misericordia — Maestro de Alkmaar, 1504
El 24 de junio de 1582, el mayordomo de la iglesia de Alkmaar Jacob Dircksz Wijnkoper anotó en su crónica que unos malhechores habían entrado en la iglesia de San Lorenzo y habían embadurnado de pintura negra las imágenes del púlpito y «Las siete obras de misericordia». Diez años antes la ciudad se había puesto del lado de los sublevados contra el rey de España, y la iglesia se había vuelto protestante. Más tarde la pintura negra se limpió. Antes, en 1566 o en 1572 (el museo da las dos fechas), alguien ya había atacado las tablas a cuchillo y había raspado la pintura, sobre todo en las caras.
Las siete tablas altas están en un mismo marco oscuro y sencillo, y en su travesaño superior, sobre la tabla central, se lee «gheschildert Anno 1504», es decir, pintado en el año 1504. El orden va de izquierda a derecha: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, enterrar a los muertos, dar posada al peregrino, visitar al enfermo y al preso. Todo sucede en una ciudad holandesa hacia 1500, entre casas de ladrillo con escalinatas y tejados verdes. Una mujer con cofia blanca está en la puerta con un cesto de panes, un hombre con manto rojo ribeteado de piel vierte con una jarra de peltre en el cuenco de madera de un mendigo, y los peregrinos llevan cosidas en el sombrero insignias, conchas y llaves cruzadas. En casi todas las tablas, entre los pobres, está Cristo, de pelo largo, y hay que buscarlo entre la gente. Bajo la quinta tabla, en el marco, están escritas las palabras del Evangelio de san Mateo según las cuales lo que se hace por el más pequeño de los hombres se hace por el propio Cristo.
La tabla central, la del entierro, está construida de otra manera. Arriba, sentado sobre un arcoíris, está Cristo con manto rojo y los pies apoyados en un globo, como en el Juicio Final, y a sus lados María y Juan el Bautista. Abajo, en un patio cercado, bajan con cuerdas a la fosa un ataúd con cruces blancas, y casi todos los de esa mitad inferior, los porteadores, los sacerdotes con sobrepelliz blanca, el sepulturero con su pala y los dolientes con capucha negra, tienen la cara raspada hasta quedar en una mancha lisa y pálida. En la restauración de 1971–1975 estas pérdidas se dejaron a propósito tal como estaban, para que se viera la huella de los iconoclastas, mientras que en las otras tablas los daños se rellenaron.


Nadie ha encontrado el nombre del pintor en los documentos. En 1914 el historiador del arte Valentiner lo llamó Maestro de Alkmaar, precisamente por este políptico. El candidato que más se propone es Cornelis Buys, hermano del pintor amsterdamés Jacob Cornelisz van Oostsanen, que trabajó en Alkmaar hasta su muerte en 1524, aunque el museo considera poco convincentes todos los intentos de ponerle nombre.
El museo cree que el políptico lo encargaron los regentes del hospicio del Espíritu Santo de Alkmaar. Esta casa daba techo durante tres días y tres noches a los peregrinos pobres, cuidaba a los enfermos y en Pascua, Navidad y el día de Todos los Santos daba de comer a 72 pobres, así que lo que está pintado en las tablas es el trabajo de la propia casa. El hospicio se cerró en los años de la Reforma y el políptico acabó en la iglesia de San Lorenzo, donde estuvo colgado detrás de la pila bautismal, bajo el órgano grande, hasta 1918, cuando los mayordomos de la iglesia lo vendieron al Rijksmuseum. En la década de 1990 el Rotary Club de Alkmaar regaló a la iglesia una copia.
2. Retrato de un hombre africano (¿Christophle le More?) — Jan Mostaert, hacia 1525–1530
El hombre del retrato es, quizá, Christophle le More, un cortesano negro de los Habsburgo. Le More figura en las listas de la corte desde 1503, primero como mozo de cuadra, y hacia 1521 ya era arquero de la guardia de Carlos V, con quien estuvo en Aquisgrán en la coronación. El Rijksmuseum propone ese nombre con cautela y lo pone en el título con un signo de interrogación. La historiadora Kate Lowe, por el traje y el porte, ve en él a un hombre de alto rango del entorno de Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos, que tenía su corte en Malinas.
El hombre, de barba oscura terminada en punta, aparece de medio cuerpo y en tres cuartos, y mira hacia la izquierda, más allá del espectador, sobre un fondo liso verde azulado. En el gorro blando de color rojo anaranjado, ladeado, lleva prendida una medalla redonda con diminutas figuras en relieve. Bajo una capa negra de cuello ancho se ven un jubón rojo y una camisa blanca. La mano derecha, con guante de cuero claro, descansa en la empuñadura de la espada, de puño trenzado en negro y oro, y la izquierda se apoya en una bolsa roja que lleva a la cadera, bordada con un enrejado de oro, tachuelas de plata y pequeñas flores de lis.
Es el retrato pintado más antiguo que se conserva de un hombre negro concreto como figura única. Alberto Durero había dibujado al carboncillo el retrato de un africano antes, en 1508. Mostaert trabajaba en Haarlem, y el biógrafo de los pintores neerlandeses Karel van Mander escribió que sirvió 18 años a Margarita de Austria, aunque en las cuentas de ella el pintor aparece solo dos veces y los historiadores actuales dudan de ese servicio.
La historia de la tabla solo puede seguirse desde 1920, cuando estaba en manos de un marchante londinense. En 1934 la compró el coleccionista de Mánchester sir Thomas Barlow, sus herederos la prestaron de 1998 a 2003 a Kenwood House, un museo de Londres, y en 2005 el Rijksmuseum adquirió el retrato por 600 000 euros junto con la Sociedad Rembrandt, una asociación privada que ayuda a los museos holandeses a comprar arte, y varias fundaciones, entre ellas la lotería nacional. En el reverso de la tabla se conservan viejas etiquetas con títulos anteriores, primero «El rey negro», es decir, uno de los Reyes Magos, y después «Retrato de un moro».

La ciudad encarga su propio retrato
3. Oficiales y milicianos del distrito XI al mando del capitán Reynier Reael («La compañía flaca») — Frans Hals y Pieter Codde, 1633–1637
El capitán de una compañía de milicia de Ámsterdam, Reynier Reael, y su teniente, Cornelis Blaeuw, declararon ante notario el 19 de marzo de 1636 que Frans Hals se había comprometido en 1633 a pintar el retrato de grupo de la compañía y que aún no lo había terminado. Le dieron 14 días para presentarse en Ámsterdam, y si no venía, otro artista retrataría a la compañía y Hals devolvería el dinero. Al día siguiente Hals respondió desde Haarlem, en cama con una pierna enferma. Recordaba que habían acordado pintar en Haarlem, que era imposible reunir a todos los milicianos y que vivir en Ámsterdam le resultaba demasiado caro. Los oficiales le ofrecieron 60 florines por figura y seis más por cada una si las terminaba en Ámsterdam. En julio Hals volvió a proponer que le llevaran el lienzo a Haarlem y prometió que, aunque seis o siete no acudieran, entregaría igualmente el cuadro prácticamente terminado.
Hals tenía unos cincuenta años y ya había pintado cinco grandes retratos de grupo de compañías de milicia de Haarlem. El de Ámsterdam fue el único encargo que aceptó en otra ciudad. Los milicianos no viajaron y contrataron al amsterdamés Pieter Codde, que pintaba retratos pequeños y escenas de reuniones alegres y que por primera vez se ponía a pintar milicianos de cuerpo entero. En 1637 el cuadro estaba terminado, y en un inventario de 1653 consta que lo empezó Frans Hals y lo acabó Codde.
Dieciséis hombres, de pie y sentados, forman una fila a lo largo de un lienzo largo y bajo, casi todos de negro, con cuellos blancos y bandas azules. A la izquierda, delante de un enorme estandarte naranja y oro, está el abanderado, vestido de raso gris plateado, con una banda naranja a la cintura y la mano en la cadera, la figura más clara del cuadro. La parte izquierda la pintó Hals con pinceladas rápidas y anchas sobre un dibujo gris trazado a la ligera. Las siete figuras de la derecha se suelen atribuir a Codde, que en sus propios cuadros pintaba liso, casi sin huella del pincel, y aquí imitó la pincelada de Hals. En 2017 el cuadro se escaneó durante 25 días delante del público, y los investigadores consideraron demasiado simple ese reparto, porque encontraron la mano de Codde también a la izquierda y la de Hals a la derecha.

Hacia 1758 el cuadro ya había pasado de la sede de la milicia al ayuntamiento de Ámsterdam, y en 1885 la ciudad, a la que sigue perteneciendo, lo cedió al Rijksmuseum. El apodo nació en ese mismo ayuntamiento. En 1758 el autor del inventario, Jan van Dyk, escribió que los milicianos del cuadro estaban tan secos y flacos que con razón se les podía llamar la compañía flaca.
4. La ronda de noche — Rembrandt, 1642
En 1715 «La ronda de noche» se llevó al ayuntamiento de Ámsterdam, en la plaza Dam, y para que cupiera en la pared entre dos puertas la recortaron por los cuatro lados. Donde más se cortó fue a la izquierda, y con esa franja desaparecieron tres figuras, dos milicianos y un niño. Los trozos recortados nunca aparecieron.
Rembrandt pintó el cuadro para el gran salón de la nueva sede de los arcabuceros de Ámsterdam, donde colgaba toda una serie de retratos de compañías pintados por distintos artistas. Su discípulo Samuel van Hoogstraten escribió en 1678 que, a su lado, los demás cuadros del salón parecían naipes, aunque él habría preferido que Rembrandt le diera más luz. El título «La ronda de noche» aparece por primera vez en un documento de 1797, cuando el barniz ya se había oscurecido. Rembrandt pintó una escena diurna: la compañía sale de un arco oscuro, la luz destaca unas cuantas figuras en primer plano y las demás quedan en una sombra parda.
En el centro, el capitán Frans Banninck Cocq, vestido de negro y con una banda roja cruzada sobre el pecho, tiende la palma abierta de la mano izquierda hacia el teniente Willem van Ruytenburch, y la sombra de esa mano cae sobre el coleto dorado claro del teniente, un poco por debajo de la banda blanca. Más a la izquierda, detrás del capitán, hay una niña, más iluminada que nadie a su alrededor, y de la cintura le cuelga un ave muerta con las garras bien visibles, porque la garra era el emblema de los arcabuceros. Abajo a la derecha, junto al tambor grande, se agacha un perro blanco grisáceo con collar de pinchos que ladra con el hocico levantado. En 2025 la conservadora Anne Lenders encontró el modelo del que Rembrandt lo copió, un dibujo a pluma de 1619 de Adriaen van de Venne (n.º 17). Según una vieja tradición, la cara que asoma entre el sombrero del abanderado y un joven con casco, de la que solo se ven un ojo y el borde de una boina, es un autorretrato de Rembrandt.

El 13 de enero de 1911 un antiguo cocinero de la marina, sin trabajo, atacó el cuadro con un cuchillo, y la hoja se quedó atascada en la gruesa capa de barniz sin llegar a la pintura. El 14 de septiembre de 1975 un maestro al que habían negado un empleo entró en el museo nada más abrir con un cuchillo de mesa de sierra, de los de restaurante, le hizo al cuadro 12 o 13 cortes y recortó un trozo triangular de lienzo entre las piernas del capitán. La restauración duró unos ocho meses. El 6 de abril de 1990 un visitante arrojó ácido sulfúrico sobre el miliciano de rojo que, a la izquierda, carga el mosquete. Entonces el museo anunció que solo había sufrido el barniz, y en 2025 los investigadores encontraron restos del ácido en la propia capa de pintura.
En julio de 2019 el cuadro quedó cubierto por una cámara de cristal y empezó a estudiarse delante del público. El 12 de noviembre de 2024 ocho restauradores comenzaron a retirarle el barniz aplicado después de 1975 con pequeños paños humedecidos con una gota de disolvente, y los restos los quitaban con bastoncillos de algodón bajo el microscopio.
5. El antiguo ayuntamiento de Ámsterdam — Pieter Saenredam, 1657
Cuando Saenredam pintó este cuadro en 1657, el antiguo ayuntamiento de la plaza Dam llevaba cinco años sin existir. Ya en 1639 los burgomaestres se quejaban de que el edificio estaba tan deteriorado que la desgracia podía ocurrir en cualquier momento, en 1648 se colocó la primera piedra del nuevo ayuntamiento, y la mayor parte de las construcciones antiguas se derribó para dejarle sitio. La parte delantera, que había quedado en pie, ardió el 7 de julio de 1652, y de ella solo quedó el armazón. Saenredam reconstruyó el edificio a partir de su propio dibujo a pluma y acuarela, hecho del natural en seis días de julio de 1641. Así trabajaba también en los interiores de iglesias por los que era famoso, primero un dibujo exacto en el lugar y después la pintura, a veces muchos años más tarde.
Los tesoreros de Ámsterdam, entre ellos el doctor Nicolaes Tulp, el mismo que da la lección de anatomía en el cuadro de Rembrandt, aceptaron para los burgomaestres el 30 de julio de 1658 el cuadro del pintor de Haarlem Pieter Saenredam y al día siguiente pagaron por él 400 florines. Saenredam guardó una nota sobre la venta, con un diminuto boceto en color del cuadro, que se conserva en el Museo Teylers de Haarlem. Todo transcurrió, según anotó, con toda cortesía y amabilidad y con promesas de no olvidarlo en adelante, y se ordenó colgar el cuadro en la sala de los burgomaestres. La ciudad sigue siendo su propietaria, y desde 1945 el cuadro está en el Rijksmuseum.
Las fachadas se alzan justo delante del espectador, al otro lado de una plaza ancha, vacía y rosada. En el centro está el tribunal de arenisca amarillo crema, labrado y desmoronándose, con un empinado tejado verde salpicado de manchas naranjas de liquen, y en su cornisa superior brota de una grieta una mata de hierba. Abajo hay una galería abierta con arcos, donde unas cuantas personas están sentadas en un banco. Detrás del tribunal se levanta una torre de ladrillo rosado con un reloj de una sola manecilla dorada. Para entonces ya se había desmontado el chapitel de la torre, y en el tejado plano quedan bloques y vigas abandonados. A la derecha, una casa blanca enlucida con contraventanas de madera y una fila de puestos bajos al pie.

En las tablas que hay sobre los puestos, Saenredam escribió que primero dibujó este edificio del natural, con todos sus colores, en 1641, y que lo pintó en 1657. La segunda inscripción corre por el borde de un escalón de la galería y dice que es el antiguo ayuntamiento de la ciudad de Ámsterdam, que ardió el 7 de julio en tres horas. El museo lee en esa inscripción el año del incendio como 1651, de modo que el pintor se equivocó en un año.
En 1663 Olfert Dapper, al describir el nuevo ayuntamiento, anotó dónde colgaba el cuadro. Lo habían puesto en la sala de los burgomaestres, frente al sillón del burgomaestre que presidía, y como pareja le habían colgado, enmarcados, unos versos del poeta Constantijn Huygens sobre el nuevo edificio.
6. Los síndicos del gremio de los pañeros — Rembrandt, 1662
Rembrandt, nacido en Leiden, pintaba retratos de amsterdameses desde principios de la década de 1630, y en 1656 se declaró insolvente y cedió sus bienes a los acreedores. Hacia 1662 vivía en una casa alquilada en el canal Rozengracht, y los grandes clientes de Ámsterdam, según el museo, acudían a él menos que antes. Los historiadores rechazaron hace tiempo la historia de que lo arruinó «La ronda de noche», con el descontento de los milicianos y los encargos perdidos, porque siguió recibiendo grandes encargos después de 1642. Uno de ellos llegó del gremio de los pañeros, que quería un retrato de grupo para su sede de la calle Staalstraat.
El retrato lo encargaron los síndicos, cinco miembros del gremio que durante un año, de Viernes Santo a Viernes Santo, comprobaban con muestras la calidad y el color del paño teñido. Rembrandt los pintó detrás de una mesa, un poco desde abajo, de modo que del tablero apenas se ve nada, solo el borde colgante de una alfombra de un rojo apagado con dibujo ocre dorado y flecos pesados. Los cinco llevan sombreros negros altos y cuellos blancos planos. El sexto, un criado, está detrás, sin sombrero, con el pelo largo y oscuro. El anciano canoso del extremo izquierdo está sentado en un sillón tapizado de rojo, a su lado el más alto se ha medio incorporado apoyando la mano en el brazo del sillón, el del centro tiene la palma vuelta hacia arriba sobre un libro abierto, y el del extremo derecho aprieta en la mano unos guantes marrones arrugados. Casi todos miran directamente al espectador, y el museo escribe que miran como si alguien hubiera abierto la puerta e interrumpido la reunión.
En las radiografías, Jacob van Loon, el que está sentado a la izquierda, aparece con la cabeza y la mano en tres posiciones distintas, y el que se levanta de la silla estaba al principio más a la izquierda. Rembrandt hizo dos dibujos preparatorios, uno de Van Loon y otro del síndico que se levanta, en hojas de un libro de contabilidad. Arriba a la derecha, en la pared enlucida, se lee con claridad «Rembrandt. f. 1661». El museo considera falsa esa firma, mientras que la firma del cuadro lleva el año 1662.
Hasta 1771 «Los síndicos» colgaron en la sede del gremio, después pasaron al ayuntamiento, y en 1808 la ciudad los cedió al museo, y todavía pertenecen a Ámsterdam. Más tarde los síndicos con el criado empezaron a imprimirse en las cajas de los puros estadounidenses Dutch Masters.
Para las casas particulares y para el mercado
7. Retrato de una pareja, probablemente Isaac Massa y Beatrix van der Laen — Frans Hals, hacia 1622
Los matrimonios holandeses solían encargar dos retratos por separado, mientras que Hals sentó al marido y a la mujer juntos en un mismo lienzo, relajados, sonrientes y casi pegados el uno al otro. Quiénes son no está demostrado del todo. Desde 1934, cuando el catálogo del Rijksmuseum propuso los nombres por primera vez, se les identifica con el comerciante Isaac Massa y con Beatrix van der Laen, que se casaron en Haarlem el 25 de abril de 1622, aunque una parte de los historiadores no está de acuerdo, porque a su juicio el hombre se parece poco al Massa de otros retratos. Por eso el título dice «probablemente».
A Isaac Massa, comerciante de grano de Haarlem, lo enviaron de joven a Moscú, y el museo escribe que vivió allí ocho años, que abarcaron los últimos tiempos de Borís Godunov, el del falso Dimitri y el de Vasili Shuiski. A su regreso presentó a Mauricio de Orange, el estatúder, es decir, el gobernante de la República, una «Breve relación del principio y origen de las guerras y disturbios actuales en Moscovia», que no se imprimió hasta el siglo XIX. Beatrix van der Laen era hija de un burgomaestre de Haarlem, y el museo fecha este lienzo hacia el año de su boda.
La pareja está sentada en un pequeño montículo, al pie de un gran árbol, y ocupa los dos tercios izquierdos del lienzo, mientras a la derecha se abre un jardín soleado. El hombre se recuesta contra el tronco, con el sombrero negro de alas enormes echado hacia atrás y la barba rojiza, y con la mano derecha, a la altura del pecho, aprieta un guante blanco. La mujer, con una gran gorguera blanca y una cofia blanca de ribete rojo rosado, se inclina hacia él y le apoya la mano derecha en el hombro, dejando ver un anillo de oro. Los dos sonríen al espectador sin mirarse entre sí, y el museo señala que una mujer que sonríe abiertamente es una gran rareza en un retrato del siglo XVII.


A su alrededor hay plantas que los historiadores Eddy de Jongh y Pieter Vinken leyeron en 1961 como emblemas del matrimonio. Por el tronco, detrás del sombrero, trepa una vid que se agarra al árbol como ella a su marido, a sus pies hay hiedra, signo de fidelidad, junto a la hiedra un cardo, y a la derecha unas vasijas de barro volcadas, recuerdo de la fragilidad de la vida. Al fondo del jardín pasean parejas, mana una fuente, hay una estatua, y delante de la escalinata de una casa de campo clara se pasean dos pavos reales.
El cuadro perteneció al amsterdamés Jan Six, amigo y cliente de Rembrandt, y en la subasta de 1702 figuraba simplemente como un hombre y una mujer de tamaño natural pintados por Frans Hals. La viuda de Six lo recompró, y por herencia el cuadro llegó a Hendrik Six van Hillegom, por cuyo matrimonio entraron en la familia Six otros dos cuadros de esta lista (n.º 10 y 11). En 1851, en la subasta de su colección, el retrato se presentó como una imagen del propio Hals con su esposa, y se compró para el Rijksmuseum por 600 florines. Hals tuvo una relación estrecha con Massa, que en 1623 fue testigo en el bautizo de una hija del pintor, y en 1626 Hals lo retrató otra vez. En ese retrato, que está en Toronto, se ven por la ventana unos abetos en los que los investigadores reconocen un paisaje moscovita.
8. El alegre bebedor — Frans Hals, hacia 1628–1630
La colección de la difunta baronesa Van Leyden se subastó el 31 de julio de 1816 en su propio castillo de Warmond, y con el número 13 el catálogo describía a un soldado de cara risueña con un vaso en la mano. Lo compraron por 325 florines para el museo del Estado, fundado poco antes, y es una de las primeras compras de un Hals por parte de un museo neerlandés. Los investigadores no han encontrado ningún documento del encargo, ni tampoco el nombre del retratado. El museo titula el cuadro «Miliciano con una copa berkemeyer, conocido como “El alegre bebedor”», porque el coleto de cuero y la medalla delatan a un miliciano de la ciudad o a un militar, y los investigadores todavía discuten si es un retrato o una escena de género.
El hombre, con un enorme sombrero negro echado hacia la nuca, se inclina hacia el espectador, con las mejillas rojas, los labios entreabiertos y los ojos entornados. Levanta la mano derecha con la palma abierta y los dedos separados, y con la izquierda sujeta por el pie una copa alta y transparente, con gotas de vidrio en relieve, medio llena de un vino de oro pálido. Del cinturón le cuelga de un cordón una medalla oval de oro, cuyo relieve está apenas sugerido con unas pocas pinceladas. El historiador Hofstede de Groot vio en ella un retrato del príncipe Mauricio de Orange. Solo la cara está pintada con detalle. El pelo está hecho con trazos sueltos, el cuello con pinceladas cortas cruzadas, los reflejos del vidrio con unos pocos toques, y a la derecha, a la altura del hombro, está el monograma FH.
A Hals le reprocharon durante mucho tiempo que dejaba sus cuadros sin terminar, hasta que el crítico francés Théophile Thoré-Bürger, en sus artículos de 1868, declaró una virtud su pincelada ancha. En 1872 vio el cuadro Édouard Manet, y desde entonces su «Le Bon Bock», que expuso en el Salón de 1873, se relaciona a menudo con este lienzo.
9. Paisaje de invierno con patinadores — Hendrick Avercamp, hacia 1608
Hendrick Avercamp nació en Ámsterdam en 1585, creció en Kampen, donde su padre era boticario, y era sordomudo, de modo que sus contemporáneos lo llamaban el Mudo de Kampen. En 1607, entre los compradores de la subasta del taller del pintor amsterdamés Pieter Isaacsz, figura un mudo que estaba en casa de Pieter Isaacsz, y los historiadores deducen que Avercamp vivía y aprendía con él. Esta tabla la pintó hacia 1608, cuando tenía unos 23 años, y después fue el primer pintor holandés que pintó casi exclusivamente inviernos con gente sobre el hielo. Según el museo, se vendían tan bien que los pintaba incluso en verano. En su testamento de 1633 su madre lo describió, a él, su hijo mayor y soltero, como mudo y digno de lástima, y se ocupó de asegurarle el sustento. Avercamp murió en Kampen en 1634.
El río helado se aleja desde el primer plano hacia un horizonte pálido, y se ve desde arriba, como desde una colina. El museo cuenta en él unas doscientas figuras. Unos juegan al colf con palos, otros patinan en pareja cogidos del brazo, en el centro uno se ha caído cuan largo es sobre el hielo, y a la derecha avanza un trineo rojo tirado por un caballo. A la izquierda hay una iglesia con torre puntiaguda, un almiar redondo bajo un tejado cónico sobre postes y una casa de ladrillo con un escudo sostenido por dos leones rojos. Las bromas del cuadro las enumera el propio museo. Junto a la casa de ladrillo hay una caseta estrecha hecha con una barca puesta de pie, que es una letrina, y por su entrada baja asoma un trasero desnudo y rosado. Bajo el tejado del almiar se aprietan dos personas, y en la esquina inferior izquierda un perro y unos cuervos despedazan un cadáver que el museo considera de caballo. La firma HAENRICUS AV está rayada en blanco, entre otros garabatos, en la pared de tablas de un cobertizo junto al borde derecho.
El cuadro se cita a menudo como testimonio de la Pequeña Edad de Hielo, los inviernos fríos de aquellos años. En 2020 Alexis Metzger, investigador de la Universidad de Lausana, comparó 49 cuadros invernales holandeses con los registros meteorológicos. Los pintores elegían la helada clara y seca, el tiempo de patinar, y ese tiempo se daba en menos de la quinta parte de los días de invierno.


En 1897, en la subasta de la colección de Gijsbert de Clercq, el marchante Roos compró la tabla por 345 florines y unos meses después la vendió al Rijksmuseum por 550, con una parte del dinero aportada por la Sociedad Rembrandt.
10. La lechera — Johannes Vermeer, hacia 1660
Los herederos de la familia Six de Ámsterdam ofrecieron en 1907 al Estado comprar «La lechera» de Vermeer, aunque solo junto con otros 38 cuadros de la colección familiar, todos a la vez por 750 000 florines. El experto en pintura holandesa Frits Lugt solo encontró cinco importantes entre esos 38. Abraham Bredius, director del Mauritshuis de La Haya, temía que «La lechera» la comprara el banquero estadounidense John Pierpont Morgan, y los caricaturistas de los periódicos dibujaban a la lechera más guapa de Holanda dándole la espalda al Tío Sam. En el Parlamento, el socialista Troelstra se oponía a gastar tanto en viejos maestros, mientras que el diputado Victor de Stuers, que llevaba muchos años luchando por conservar el patrimonio holandés, exigía que el cuadro se quedara en el país a cualquier precio, y la mayoría lo apoyó. El Estado pagó 550 000 florines, la Sociedad Rembrandt otros 200 000, y el 13 de enero de 1908 los 39 cuadros se expusieron en el Rijksmuseum.
Vermeer pintó «La lechera» en Delft hacia 1660, cuando pasó de las escenas grandes a las figuras solas en habitaciones tranquilas, iluminadas por una ventana a la izquierda. Su principal comprador fue el coleccionista de Delft Pieter van Ruijven, y la fama amplia no le llegó a Vermeer hasta el siglo XIX. Sin embargo, ya en 1696, cuando se subastó en Ámsterdam la colección de Jacob Dissius, yerno de Van Ruijven, una criada vertiendo leche, descrita como extraordinariamente buena, se vendió por 175 florines, más cara que todos los Vermeer de esa subasta salvo la «Vista de Delft».
La criada está de pie junto a una mesa, bajo la ventana del ángulo superior izquierdo, y vierte leche de una jarra de barro de color pardo rojizo en una vasija de dos asas, y en el centro del cuadro la leche cae en un fino chorro blanco. Lleva un corpiño amarillo, manguitos verdes remangados por encima de los codos y un delantal azul oscuro pintado con ultramar, un pigmento caro hecho de lapislázuli, y bajo el delantal asoma una falda roja. Las cortezas del pan, el asa del cesto y el borde de una jarra gris azulada están cubiertos de puntitos de pintura clara en relieve. En uno de los cristales de la ventana blanquea una mancha irregular, parecida a un agujero, y la pared del fondo está vacía, con un clavo y marcas de clavos.
En 2022, al escanear el cuadro, se vio lo que Vermeer había pintado en esa pared y luego había tapado. Detrás de la cabeza de la criada había esbozado un estante con jarras de barro colgadas, y en el ángulo inferior derecho un cesto de mimbre para brasas, sobre el que se secaba la ropa, y después tapó el cesto con un calientapiés, los azulejos y el suelo. El estante y el cesto figuran en el inventario de su casa hecho tras la muerte del pintor.


11. Vista de casas en Delft («La callejuela») — Johannes Vermeer, hacia 1658
Una casa de ladrillo con frontón escalonado ocupa los dos tercios derechos del cuadro, y su último escalón apenas roza el borde del lienzo. A la izquierda hay una casa más baja con tejado de tejas, y su fachada está cubierta hasta el tejado por una enredadera verde azulada. Entre las casas hay dos pasajes. Al de la izquierda se entra por un arco con una puerta de madera oscura, y en el de la derecha, abierto, se ve un callejón encalado donde una criada con corpiño rojo se inclina sobre un barril. En la puerta abierta de la casa grande cose una mujer con cofia blanca, y en las baldosas delante de la casa, de espaldas al espectador, hay dos niños de rodillas. La cal de los pisos bajos se descascarilla y está llena de manchas, una grieta recorre el escalón superior del frontón, junto a la puerta cuelga un único postigo de un rojo vivo, y en la pared blanca de la casa de la izquierda, bajo la ventana, está escrito «I V Meer».
En 2025 los investigadores del museo contaron lo que habían encontrado bajo la capa superior. Al principio, a la entrada del pasaje de la izquierda, había una mujer sentada con su labor, luego Vermeer la cubrió de pintura y pintó a la mujer de la puerta como su reflejo en un espejo. La puerta de la casa grande estuvo primero cerrada y pintada de verde, como los postigos, y solo después Vermeer la «abrió».
El cuadro pasó por la misma familia que vendió «La lechera» al Estado. En 1800 lo compró Pieter van Winter, su hija Lucretia lo heredó y en 1822 se casó con Hendrik Six. En 1921 el historiador del arte Jan Six sacó «La callejuela» a subasta, las pujas no llegaron al precio fijado, y el magnate del petróleo Henri Deterding, jefe de la Royal Dutch Shell, la compró por 625 000 florines y después la regaló al Rijksmuseum.

Durante más de un siglo se discutió dónde estaba esa casa. En 2015 el historiador del arte Frans Grijzenhout encontró un libro de Delft de 1667 que servía para cobrar el impuesto de dragado de los canales, con la anchura de cada fachada y de cada pasaje, y con él identificó las casas de los números 40–42 de la calle Vlamingstraat, dos casas de la misma anchura con dos pasajes estrechos entre ellas. El museo da esa dirección como un hecho, mientras que el investigador Philip Steadman la discute y señala diferencias en las medidas. Según Grijzenhout, la casa pertenecía a la hermanastra del padre de Vermeer, Ariaentgen Claes van der Minne, una viuda con cinco hijos que se ganaba la vida vendiendo callos, y hasta el siglo XIX el pasaje de la derecha se llamaba la Puerta de los Callos.
12. Mujer leyendo una carta («Mujer en azul leyendo una carta») — Johannes Vermeer, hacia 1663
El restaurador que en 1928 reenteló el lienzo tomó por perlas los puntitos blancos de luz que había puesto Vermeer y los pintó de amarillo, a juego con el collar de la mesa. Esos puntos se retiraron en la restauración de 2010–2011, junto con un barniz grueso, amarillento e irregular bajo el cual los azules del cuadro se habían vuelto verdosos. La restauradora Ige Verslype dijo que la mayor sorpresa fue una capa de verde cobre sobre la que Vermeer había puesto el ultramar de la chaqueta.
Una mujer joven está de pie, de perfil, mirando a la izquierda, hacia una ventana que queda fuera del cuadro, y sostiene la carta con las dos manos un poco por debajo del pecho, mientras una segunda hoja le cuelga de las manos. Lleva una chaqueta acolchada azul claro con lazos azul oscuro, y por el borde y en la vuelta de la manga asoma un forro amarillo ocre. En la mesa hay un cofrecillo abierto, un hilo de perlas, una cinta azul arrugada y papeles. Casi toda la pared de detrás la ocupa un mapa pardo de Holanda y Frisia Occidental, colgado de una vara oscura con una bola azul en el extremo, y las sombras del respaldo de la silla sobre la pared encalada están pintadas en azul pálido. A menudo se la considera embarazada, aunque los historiadores del traje explican su silueta por la moda de la década de 1660.
En 1839 el banquero amsterdamés Adriaan van der Hoop compró el cuadro al marchante londinense John Smith. En 1847 legó su colección a la ciudad con la condición de mantenerla unida, exponerla en Ámsterdam con su nombre y destinar a los pobres lo que se recaudara con las entradas. Cuando murió, en 1854, la ciudad tardó en decidirse a aceptar la herencia, porque había que pagar un impuesto por ella, y según la prensa la mayor parte de ese dinero la reunieron donantes particulares. La colección se expuso como Museo Van der Hoop en el edificio de la Oudemanhuispoort hasta que en 1885 la ciudad la cedió al Rijksmuseum.
Tras la restauración, el cuadro viajó primero a Japón, donde se expuso en Kioto, Sendai y Tokio, y después a Shanghái, São Paulo y Los Ángeles. En 2025 la ciudad preguntó a un tribunal de Ámsterdam si esos viajes incumplían la condición de mantener la colección en Ámsterdam, y el 9 de enero el tribunal resolvió que las exposiciones temporales no contradicen el testamento.


13. La carta de amor — Johannes Vermeer, hacia 1669–1670
La noche del 23 de septiembre de 1971, Mario Roymans, un aprendiz de camarero de 21 años del Limburgo belga, se escondió antes del cierre en el cuarto de los cuadros eléctricos del Palacio de Bellas Artes de Bruselas, donde se celebraba la exposición «Rembrandt y su tiempo» y colgaba «La carta de amor», enviada por el Rijksmuseum. Descolgó el cuadro, pero con el marco no pasaba por la ventana por la que pensaba salir, así que cortó el lienzo del marco con un pequeño cuchillo de cocina, lo dobló y se lo metió en la cintura del pantalón. Primero escondió el cuadro en su casa, después lo enterró en un bosque, por la lluvia lo desenterró y lo guardó en una funda de almohada bajo el colchón en el hotel donde trabajaba. A través de periodistas hizo saber que devolvería el cuadro si se entregaban por él 200 millones de francos belgas a los refugiados de Pakistán Oriental, donde se libraba entonces la guerra de independencia de Bangladés. Firmaba con el nombre de Till Eulenspiegel, el héroe popular flamenco, y muchos belgas estaban de su parte. El 6 de octubre llamó a una emisora de radio desde una gasolinera, lo reconocieron y, tras una persecución, lo detuvieron una hora después.
El cuadro apareció bajo el colchón dos semanas después del robo. A lo largo de los cortes se había desprendido la pintura, sobre todo en el ángulo superior derecho. El restaurador jefe del Rijksmuseum, Luitsen Kuiper, trabajó casi un año en el lienzo, y una comisión internacional reunida por el director del museo decidió rellenar las pérdidas de modo que no se notaran. Roymans fue condenado a dos años, y cumplió unos seis meses.
Vermeer pintó «La carta de amor» poco antes de 1672, cuando la invasión francesa hundió el mercado holandés de pintura, y en 1675 murió lleno de deudas. El espectador mira desde un vestíbulo oscuro hacia una habitación clara a través de una puerta, sobre la que hay una cortina oscura descorrida con un gran dibujo ocre dorado. En el umbral hay unas zapatillas oscuras y una escoba apoyada, a la izquierda un cesto de ropa, encima del cual se ve en la pared la firma «IVMeer», y a la derecha, en una silla de asiento rojo oscuro, hay partituras. En la habitación, la señora, vestida de raso amarillo y con una chaqueta amarilla ribeteada de armiño, tiene un cistro en el regazo y en la mano derecha una carta doblada, y con la boca entreabierta levanta los ojos hacia la criada del delantal azul, que le sonríe desde arriba. En la pared, detrás de ellas, cuelgan dos cuadros, un paisaje con un caminante y un mar con un velero, y según la explicación del museo el mar quizá alude al contenido de la carta.
En 1892 la Sociedad Rembrandt compró el cuadro en una subasta por 41 000 florines, un precio enorme para la época, y al año siguiente lo entregó al Rijksmuseum. Cuatro años después del robo de Bruselas, Luitsen Kuiper restauró «La ronda de noche», acuchillada en 1975.

14. La familia alegre — Jan Steen, 1668
En una hoja clavada en la pared sobre la chimenea, en el ángulo superior derecho, está escrito un refrán holandés según el cual lo que cantan los viejos lo tocan con la flauta los jóvenes. El verbo que en el refrán corresponde a tocar significa en holandés a la vez tocar la flauta y fumar en pipa, y los niños del cuadro hacen las dos cosas. El niño y la niña de la derecha fuman largas pipas de barro, un niño de pelo rizado sopla una flauta asomado a la ventana, y delante una niña con falda amarilla echa vino de una jarra de peltre directamente en la boca de un pequeño con gorro de piel.
En la mesa, un anciano de barba gris con gorro negro está sentado en un sillón con la cabeza echada hacia atrás, canta con la boca abierta y levanta una copa alta de vino blanco. Una anciana con capucha gris verdosa canta con los ojos cerrados siguiendo la hoja, una joven con pañuelo blanco sonríe a un bebé que se ríe a carcajadas con una cuchara en la mano, y un muchacho con gorro rojo toca la flauta con las piernas estiradas sobre el banco. Detrás del anciano, un joven con sombrero marrón sopla una gaita, a la que el museo llama instrumento de necios y en cuyo intérprete reconoce al propio Jan Steen. En el suelo hay una sartén, una botella tumbada y cáscaras de huevo, junto a la mesa hay un spaniel de manchas, y en la tabla delantera del banco de la derecha está escrito «JSteen 1668».
Steen pintó este cuadro en Haarlem, donde vivía desde 1661, en los años de sus grandes escenas familiares llenas de gente. En los Países Bajos todavía se dice de una casa patas arriba que es un hogar de Jan Steen, y el museo relaciona esa expresión con «La familia alegre». En parte, de cuadros como este nació también la fama de borracho de Steen, aunque los historiadores del arte ven en el gaitero un papel que el pintor interpretó para hacer reír. Van der Hoop legó el cuadro a Ámsterdam, y desde 1885 está en el Rijksmuseum. Steen no obtuvo licencia para llevar una taberna en Leiden hasta 1672, cuatro años después de «La familia alegre».

15. Isaac y Rebeca («La novia judía») — Rembrandt, hacia 1665–1669
El marchante londinense John Smith sacó este cuadro a subasta en 1828 como «Jefté y su hija», y nadie lo compró. En 1833 lo adquirió por 6825 florines el banquero amsterdamés Adriaan van der Hoop, y en su inventario figura como la imagen de una novia judía a la que su padre adorna con un collar. Es la primera aparición conocida del nombre, y en el catálogo del Museo Van der Hoop de 1855 el cuadro ya consta como conocido por el nombre de la novia judía. El museo lo titula «Isaac y Rebeca» y pone el nombre antiguo entre comillas.
Los investigadores dedujeron el tema de un dibujo preparatorio de Rembrandt, hecho hacia 1662 y conservado en una colección privada de Estados Unidos. En él la pareja se abraza, la mujer está sentada en las rodillas del hombre, y en el ángulo superior derecho apenas se esboza un hombre junto a una ventana. Es el rey Abimelec del Génesis, que vio a Isaac acariciar a Rebeca y comprendió que la mujer a la que Isaac hacía pasar por su hermana era su esposa. Las radiografías mostraron que también en el lienzo Rembrandt sentó primero a la mujer en las rodillas del hombre, y que después repintó a los dos de pie y no incluyó a Abimelec. El conservador del Rijksmuseum Jonathan Bikker admite la posibilidad de que sea un retrato por encargo de una pareja de verdad en el papel de Isaac y Rebeca, como se acostumbraba entonces.
La mano derecha del hombre descansa plana sobre el pecho de la mujer, la mano izquierda de ella roza levemente la de él, y en las dos manos de ella hay anillos. No se miran, los dos tienen los ojos bajos. La enorme manga amarillo dorada del hombre la construyó Rembrandt con gruesos surcos y costras de pintura, en parte con espátula, y la rayó con el mango del pincel, de modo que brilla como el metal. Todo el cuadro está pintado en rojo y oro sobre un pardo negruzco, y solo resplandecen la manga, las manos, las caras y la falda roja.
En octubre de 1885, unos meses después de que la ciudad cediera el cuadro al nuevo Rijksmuseum, Vincent van Gogh se sentó delante de él (n.º 24). A su hermano le escribió que era un cuadro íntimo, de una simpatía infinita, pintado con una mano de fuego, y que había que haber muerto muchas veces para pintar así. Su alumno Anton Kerssemakers recordaba en 1912 que Van Gogh le dijo que daría diez años de su vida por pasar dos semanas sentado ante ese cuadro con solo un mendrugo de pan seco. Kerssemakers añadió que Vincent siempre comía el pan seco, para no darse caprichos.


16. Casa de muñecas de Petronella Oortman — artesanos anónimos de Ámsterdam, hacia 1686–1710
Petronella Oortman, hija de un armero de Ámsterdam, estuvo casada en primeras nupcias con Carel Witte, comerciante de sedas de Hamburgo. Su única hija murió en 1684 antes de cumplir un año, Witte murió un año después, y en 1686 Petronella se casó con el comerciante de sedas Johannes Brandt. Más o menos por entonces empezó a encargar este armario, y lo fue amueblando durante unos 25 años. El museo escribe que estas casas en armario se hacían para enseñarlas, para mujeres adultas, como imagen del hogar ideal.
El alto armario sobre patas está chapado en carey, y por toda su superficie serpentean finos tallos de peltre. Tras dos puertas acristaladas hay nueve habitaciones, tres en cada uno de los tres pisos. El mueble lo hizo un ebanista francés anónimo que trabajaba en Ámsterdam, y en el resto trabajaron decenas de artesanos, desde tallistas y cesteros hasta plateros y sopladores de vidrio. Las paredes del salón del piso central las decoró el pintor Nicolaes Piemont con un único paisaje continuo, con árboles y una torre lejana. En la cocina de gala, abajo, un aparador dorado está lleno de porcelana azul y blanca y junto a la ventana cuelga una jaula de pájaro, en el cuarto de la parturienta hay una cama con dosel rojo, y arriba, en el cuarto de la ropa, la colada se seca en listones bajo el techo y sobre una mesita hay una plancha.

Al viajero alemán Zacharias Conrad von Uffenbach, que fue a casa de los Brandt a ver el armario, la familia le contó que había costado 30 000 florines. El Rijksmuseum compara esa suma con el precio de una casa en el aristocrático canal Herengracht. Son palabras de la familia, y en el inventario de su hijo de 1743 el armario está tasado en 700 florines. También hay una leyenda según la cual Pedro el Grande quiso comprarlo, pero el precio resultó excesivo para él. En 1821 el Estado compró el armario.
En 1710 el pintor Jacob Appel pintó el armario al óleo, y en su cuadro se ven las muñecas, las cortinas amarillas con que se tapaba el armario y un jardín. De las muñecas solo se ha conservado el bebé de carita de cera, con un vestido de bautizo de seda rosa y azul, con cintas y encaje.
La República discute consigo misma
17. La pesca de almas — Adriaen van de Venne, 1614
La República de las Provincias Unidas firmó en 1609 una tregua de doce años con España y con los archiduques Alberto e Isabel, que gobernaban los Países Bajos españoles. Dejaron de combatir, aunque el norte y el sur siguieron disputándose las almas de los fieles a ambos lados de la nueva frontera. Adriaen van de Venne, hijo de una familia de emigrados del sur, el mismo de cuyo dibujo copiaría después Rembrandt el perro de «La ronda de noche», vivía en 1614 en Middelburg, en la Zelanda estrictamente calvinista, y pintó sobre esa rivalidad una tabla ancha.
Un río ancho va del primer plano hacia un horizonte brumoso y divide el cuadro en dos. En la orilla izquierda se agolpa una multitud de protestantes vestidos de negro, con gorgueras blancas, y en las primeras filas todos tienen caras de retrato, entre las que se reconoce al estatúder Mauricio de Orange. Por la orilla derecha avanza una procesión de cardenales de rojo, al papa lo llevan bajo un palio dorado, y al lado están los archiduques. Sobre la orilla izquierda el cielo se aclara, sobre la derecha se amontonan nubes de tormenta, y un doble arcoíris cruza todo el cielo. En el río se pescan almas. En la barca protestante, unos predicadores de negro, entre ellos el pastor de Middelburg Willem Teellinck, recogen una red con etiquetas que dicen FIDES, SPES, CHARITAS, es decir, fe, esperanza y caridad, y en la popa hay un libro cuya inscripción habla de los pescadores del Evangelio, con el año 1614. En la barca católica va un obispo con casulla roja y mitra, en la proa hay una custodia dorada, cantan unos niños de coro, y de la proa cuelga una jaula de reclamo con la figurita de un niño. Según el museo, los pescadores protestantes están pintados como retratos y los católicos como caricaturas.
En la red católica también se debaten personas, pero esas figuras se añadieron más tarde, en las décadas de 1640 y 1650, de forma rápida y tan fina que a través de ellas se transparenta el agua. Al principio la red estaba vacía. El museo admite que así se suavizó la hostilidad hacia los católicos, porque habían cambiado los tiempos o el dueño, y que pudo añadirlas el propio Van de Venne. En 1735 el cuadro se vendió en La Haya como obra de Jan Brueghel el Viejo, y probablemente lo compró el estatúder Guillermo IV. En 1795 la colección de los estatúderes fue declarada propiedad nacional de la República Bátava, y en 1798 «La pesca de almas» pasó a la Galería Nacional de Arte. La atribución a Van de Venne no se recuperó hasta 1878, y hasta entonces las figuras y el paisaje se atribuían a distintos pintores. Un poco a la izquierda de la proa de la barca protestante hay una mosca pintada posada en el agua, una broma a la manera de Jan Brueghel, y es fácil tomarla por una mosca de verdad.


18. Los cadáveres de los hermanos De Witt — atribuido a Jan de Baen, hacia 1672–1675
El conservador de la Galería Nacional de Arte, Cornelis Sebille Roos (n.º 20), escribió en 1801 a Alexander Gogel, responsable de las finanzas de la República Bátava, que este cuadro era demasiado horrible para un museo y que no merecía ni un marco nuevo. Si su excelencia insistía de todos modos, escribía Roos, que repararan el marco y colgaran delante del cuadro una cortinita. Gogel lo quería por lo que representaba, y en 1802 la galería obtuvo el cuadro mediante un intercambio.
El 20 de agosto de 1672, el año en que Francia atacó la República, una multitud en la que había también milicianos de la ciudad mató a los hermanos De Witt en La Haya, junto a la puerta de la prisión de Gevangenpoort. Johan de Witt había sido durante casi 20 años gran pensionario de Holanda, el primer político de la República, y Cornelis, burgomaestre de Dordrecht, había sido condenado por conspirar contra el príncipe Guillermo III de Orange. Los cuerpos de los hermanos fueron desnudados, mutilados y colgados en el patíbulo de la plaza del Vijverberg.
En el cuadro es de noche, árboles oscuros ocupan casi todo el campo y solo arriba se ve una franja de cielo azul. En el centro hay un poste alto con travesaños, como una escalera, y en él cuelgan cabeza abajo, con los pies atados, dos cuerpos desnudos. El de la izquierda está iluminado, tiene el vientre abierto, largas heridas rojas le recorren las piernas y el torso, y la cabeza cuelga junto al suelo, sobre un charco rojo. El cuerpo de la derecha queda medio oculto tras el poste. En el ángulo inferior derecho, de espaldas al espectador, hay un hombre con casaca roja que sostiene una antorcha con el brazo extendido, se lleva la otra mano a la cabeza y aparta la vista. En el suelo, bajo los cuerpos, yace un animal muerto que parece un gato.
El cuadro se atribuye a Jan de Baen, un retratista de La Haya que pintó a los dos hermanos en vida, aunque el historiador del arte Frans Grijzenhout lo considera dudoso. Para el ayuntamiento de Dordrecht, De Baen había pintado una alegoría en honor de Cornelis, y en 1672 la multitud la arrancó de la pared y la acuchilló, recortó del lienzo la cabeza de Cornelis, se la llevó al otro lado del río Merwede y la clavó en una horca.
Roos consideraba el cuadro una copia de un grabado, y el historiador Van Luttervelt también pensaba que repetía un grabado de 1672 en el que la antorcha la sostienen dos personas y bajo la imagen hay impresos unos versos hostiles a los hermanos. Una inscripción en el reverso del lienzo afirma otra cosa. Según ella, son los cuerpos de Johan y Cornelis de Witt, pintados del natural por un pintor famoso cuando, a las once de la noche, todavía colgaban del poste, es el único original hecho del natural el 20 de agosto de 1672 y por eso vale mucho dinero.


19. El cañonazo — Willem van de Velde el Joven, hacia 1680
En el invierno de 1672–1673, cuando Francia atacó la República por tierra y en el mar volvía a haber guerra con Inglaterra, el pintor Willem van de Velde el Viejo, dibujante de batallas navales, se marchó de Holanda a Inglaterra con su hijo Willem. En 1674 el rey Carlos II de Inglaterra asignó a cada uno 100 libras al año, al hijo para que pasara a color los dibujos del padre para uso personal del rey, y cada cuadro se lo pagaba aparte. Les dieron un taller en la Queen's House de Greenwich. La guerra anglo-holandesa no terminó hasta 1674, y hasta entonces padre e hijo trabajaron para la flota enemiga.
El cuadro lo compró el banquero Adriaan van der Hoop, que lo legó a Ámsterdam junto con el resto de su colección, y desde 1885 está en el Rijksmuseum. Su pareja, «El golpe de viento», en el que un buque de guerra inglés con un mástil roto aguanta la tormenta, la compró el museo por separado a principios del siglo XX.
El museo fecha «El cañonazo» hacia 1680, en los años ingleses del pintor, y en él un buque de guerra holandés está en calma chicha. El lienzo es vertical, y dos tercios los ocupa el cielo, nubes grises sobre azul pálido. El barco está vuelto hacia el espectador con la proa y un poco de costado, en la proa lleva un león rojo tallado, las velas están sueltas y cuelgan de las vergas en pesados pliegues de color crema, y de los mástiles cuelgan largos gallardetes rojos, blancos y azules. A la izquierda de la proa sale una densa nube blanca de humo de pólvora, que se extiende sobre el agua y más arriba se abre en una masa gris que se funde con las nubes. El casco oscuro, con sus hileras de portas de cañón, se refleja en el agua lisa como un espejo. A la izquierda hay un segundo barco fondeado, en una chalupa un hombre se ha puesto de pie y saluda con la mano, en el agua del primer plano hay tres gaviotas posadas, y en el ángulo inferior derecho está la firma «W v velde J.».
La nación da sentido a los cuadros
20. El cisne amenazado — Jan Asselijn, hacia 1650
Un cisne blanco se yergue sobre la orilla baja, junto al agua, y despliega las alas casi por todo el lienzo, de modo que la punta de la derecha queda cortada por el borde. El cuello está curvado, la cabeza vuelta a la izquierda, el pico naranja abierto hasta dejar ver la lengua, y las patas negras palmeadas muy separadas. En el ángulo inferior izquierdo, donde es fácil no verla, asoma del agua la cabeza de un perro oscuro de pelo rizado, con los dientes al aire y la lengua roja, y al lado flotan plumas arrancadas. A la derecha, en un nido de cañas secas, hay un huevo pálido.
En el cuadro hay tres inscripciones en mayúsculas oscuras. Sobre la cabeza del perro se lee «DE VIAND VAN DE STAAT», el enemigo del Estado, en la orilla, entre las patas del cisne, «DE RAAD-PENSIONARIS», el gran pensionario, y alrededor del huevo está escrito «HOLLAND». Según el análisis técnico, se añadieron después de la muerte del pintor. Asselijn murió en Ámsterdam en 1652, y Johan de Witt llegó a gran pensionario en 1653 (n.º 18). Las inscripciones se hicieron, muy probablemente, en el siglo XVIII. La inscripción llama al perro solo enemigo del Estado, y algunos historiadores ven en él a Guillermo III.
En Roma, donde Asselijn vivió a finales de la década de 1630 y principios de la de 1640, sus compañeros de la hermandad romana de pintores neerlandeses lo apodaron Cangrejito por su mano izquierda deforme. Hacia 1647 había vuelto a Ámsterdam, y Rembrandt hizo entonces un aguafuerte con su retrato. Un animal solo y de ese tamaño no vuelve a aparecer en la obra de Asselijn, que pintaba sobre todo paisajes italianos.

El 11 de junio de 1800, en la subasta de la colección del comerciante amsterdamés Jan Gildemeester, uno de los corredores de la venta, Cornelis Sebille Roos, el mismo que después pediría una cortina para los cuerpos de los hermanos De Witt, compró el cisne por 95 florines, 100 justos con los derechos. Compraba para la Galería Nacional de Arte, que 11 días antes se había abierto en La Haya, en el palacio confiscado de Huis ten Bosch, y el cisne fue su primera adquisición.
21. La batalla de Waterloo — Jan Willem Pieneman, 1824
El pintor amsterdamés Jan Willem Pieneman, al que tres años antes había hecho famoso un cuadro sobre el príncipe de Orange en el combate de Quatre-Bras, cruzó a Londres en febrero de 1821 para pintar Waterloo. El duque de Wellington le hizo una lista de unos treinta oficiales, le dio una habitación en su casa, Apsley House, mandó a su secretario que citara a los oficiales para posar e hizo traer del campo a su caballo Copenhagen. A Pieneman le incomodaba que el caballo lo mirara, y entonces Wellington propuso montarlo él mismo, porque eso era justo lo que el pintor necesitaba. Los oficiales le prestaban los uniformes que habían llevado el día de la batalla. Al cabo de cuatro meses Pieneman volvió a Ámsterdam con al menos 14 retratos del natural y construyó en el jardín un taller de madera para el lienzo, que había encargado de antemano.
Pieneman pintó el cuadro sin encargo, por su cuenta y riesgo, y según el conservador del Rijksmuseum Michael Putter, contaba con exponerlo y venderlo en Inglaterra. Wellington, a juzgar por lo que decían los contemporáneos, creía que sería para él. En la primavera de 1824 el príncipe de Orange fue al taller y ofreció en el acto 40 000 florines, muchas veces más de lo que pedía el pintor, y quien pagó el cuadro fue su padre, el rey Guillermo I, que se lo regaló a su hijo. Es el cuadro más grande del Rijksmuseum, de más de cinco metros y medio de alto y más de ocho de ancho.
El museo describe el momento en que Wellington se entera de que los prusianos acuden en su ayuda. La batalla la ganaron el ejército aliado de Wellington y los prusianos. En el centro, Wellington, con la cabeza descubierta, monta un caballo alazán con una lista blanca en la frente y sostiene con el brazo extendido un bicornio negro. Detrás de él se extiende una fila de oficiales del estado mayor con casacas rojas, a la izquierda unos jinetes con cascos de latón levantan sobre sus cabezas dos banderas francesas capturadas, con águilas doradas, y en la más cercana se lee «L'EMPEREUR NAPOLEON». En el ángulo inferior izquierdo, en una camilla, bajo una manta gris con zigzags rojos, está sentado el príncipe de Orange, pálido y herido, con un dolmán de húsar bordado en oro, y mira al espectador, y en primer plano yacen los muertos. Algunos investigadores creen que Pieneman puso a propósito al príncipe herido en primer plano para subrayar la participación neerlandesa en la victoria. Putter, en cambio, lee el cuadro ante todo como un retrato de grupo de oficiales británicos entre los que el príncipe casi se pierde, y un periódico londinense calificó en 1825 de anacronismo patriótico la manera en que el pintor holandés había adelantado al príncipe.

En el verano de 1824 Pieneman mostró el cuadro en su taller cobrando entrada, y los periódicos le reprocharon que se lucrara con una obra ya vendida. En 1825 lo llevó a Londres, a un pabellón construido para él en Hyde Park, y después a Gante. El propio Pieneman decía que con esas exposiciones había perdido más de 6000 florines y solo había ganado fama.
22. La detención de Diponegoro por el teniente general De Kock — Nicolaas Pieneman, hacia 1830–1835
El 28 de marzo de 1830, al final del Ramadán, el príncipe javanés Diponegoro acudió a negociar a la casa del residente holandés en Magelang con la promesa de un salvoconducto. Durante cinco años Diponegoro y sus partidarios habían combatido contra las tropas coloniales neerlandesas, y en esa Guerra de Java murieron unos doscientos mil javaneses, sobre todo civiles, muchos de ellos de hambre. En las negociaciones Diponegoro exigió que se le reconociera como soberano islámico de Java, y el teniente general Hendrik de Kock lo declaró detenido. El príncipe fue enviado al exilio y murió en 1855 en Makassar.
Según el registro del museo, el cuadro lo encargó el propio De Kock. Lo pintó Nicolaas Pieneman, hijo de Jan Willem Pieneman (n.º 21), que tenía poco más de veinte años y nunca había estado en Java. A la derecha hay una casa clara con tejado de tejas rojas y una veranda sobre columnas blancas, sobre el tejado ondea una bandera roja, blanca y azul, y encima de la puerta hay labrado un escudo con leones. De Kock, con uniforme azul oscuro y charreteras doradas, está en el escalón superior, con la mano izquierda en la cadera, y con la derecha señala hacia la izquierda, donde, detrás de la multitud, espera un carruaje cerrado. Diponegoro, con turbante verde y una larga túnica blanca, está abajo, al pie de los escalones, con la cabeza alzada y el ceño fruncido, a sus pies hay mujeres arrodilladas, y en la arena, delante de él, hay unas picas con borlas rojas amontonadas.
La familia de De Kock conservó el cuadro unos 75 años, y en 1907 el barón De Kock lo regaló al Rijksmuseum. Durante mucho tiempo el museo lo tituló «La rendición de Diponegoro ante el teniente general barón De Kock», en el marco figura un título aún más antiguo, «La rendición del jefe rebelde Diponegoro ante el teniente general De Kock. Fin de la guerra en Java», y ahora el cuadro se llama «La detención».
En 1857 el pintor javanés Raden Saleh, que había vivido más de veinte años en Europa, pintó su propia versión, «El arresto del príncipe Diponegoro». En su cuadro el príncipe y De Kock están al mismo nivel, Diponegoro contiene la ira y mira directamente al general, y no hay ninguna bandera holandesa. Saleh se lo regaló al rey Guillermo III, y en 1978 fue devuelto a Indonesia. Pertenece a la colección de los palacios presidenciales indonesios y desde 2014 se conserva en el palacio de Yogyakarta.
La ciudad moderna y lo que regaló al museo

23. Muchacha con un quimono blanco — George Hendrik Breitner, 1894
Geesje Kwak tenía 16 años cuando, en 1893, empezó a posar para George Hendrik Breitner. El museo la llama criada, otras fuentes dependienta de una sombrerería, y acompaña su nombre de un «probablemente». Breitner era conocido por sus calles lluviosas de Ámsterdam, sus obras en construcción, sus obreros y sus caballos, pintaba rápido y con brusquedad y fotografiaba a sus modelos con una cámara de mano para trabajar después a partir de las fotos. En 1892, en La Haya, vio en la sociedad artística Haagse Kunstkring una exposición de grabados japoneses, después de la cual compró quimonos y biombos y en unos tres años pintó 13 cuadros de muchachas con quimonos rojos, blancos y azules. En una carta las llamaba sus japonesitas.
La muchacha está tumbada en un diván en diagonal, desde el ángulo superior derecho hasta el centro del borde inferior. Ha echado el brazo derecho detrás de la cabeza, con la mano izquierda se apoya la mejilla, recostada en un gran cojín marrón oliva bajo el que hay otro amarillo vivo, y mira directamente al espectador. El quimono es blanco plateado, pintado con pinceladas anchas, por la manga corren flores rojas de ciruelo en ramas negras, y las mangas largas cuelgan a ambos lados del cuerpo como dos paños. El rojo solo aparece en el forro de los puños y en una franja junto al cuello. Detrás de ella hay un biombo plegable casi negro, salpicado de flores y mariposas, y en el ángulo superior izquierdo está escrito en rojo «G.H. Breitner». Un estudio de 2016 mostró que Breitner pintó sobre otro cuadro, y bajo la muchacha del quimono apareció una mujer sentada de otra complexión, quizá desnuda.
Un crítico de la época escribió sobre mujeres japonesas con ropas floreadas, la cabeza sobre almohadas, de aspecto sospechoso y postura desvergonzada. Los coleccionistas Jean Charles Drucker y su esposa Maria Drucker-Fraser cedieron en 1919 «Muchacha con un quimono blanco» al Rijksmuseum junto con otros 70 cuadros, y en 1944 se la legaron al museo. Para su colección se había añadido al edificio del museo, ya en 1909, un ala aparte.

En julio de 1895 Geesje Kwak se fue con su hermana a Sudáfrica y murió allí en 1899, a los 22 años, probablemente de tuberculosis.
24. Autorretrato — Vincent van Gogh, 1887
Andries Bonger trabajaba en París desde 1879, allí se hizo amigo de Theo van Gogh y le presentó a su hermana Johanna, con la que Theo se casó en 1889. Vincent lo llamaba André. Para 1893 Bonger ya tenía este autorretrato, que, según el registro del museo, le había regalado el propio pintor, aunque los investigadores no han establecido la fecha del regalo. Bonger, que coleccionaba a Odilon Redon, Émile Bernard, Cézanne y Van Gogh, murió en enero de 1936, y ese mismo año su viuda, Françoise, regaló el retrato al Rijksmuseum. La mayor parte de los cuadros de Van Gogh que hay en Ámsterdam procede de la colección de su familia y está en el Museo Van Gogh, abierto en 1973, mientras que este autorretrato es propiedad del propio Rijksmuseum.
Vincent van Gogh llegó a París en 1886 desde Amberes, y antes, en el pueblo brabanzón de Nuenen, había pintado con colores oscuros y terrosos. En París vivió con su hermano, marchante de arte, vio a los impresionistas y a los neoimpresionistas y se pintó mucho a sí mismo, porque era el modelo más barato que tenía. Según el museo, Theo le hablaba de la nueva pintura francesa de colores vivos, y en París Vincent empezó a probar sus recursos en sus propios autorretratos. En febrero de 1888 se marchó a Arlés.
El retrato está pintado sobre cartón. La cabeza está girada en tres cuartos hacia la izquierda, los ojos verdes miran al espectador, y en la cabeza lleva un sombrero de fieltro gris de ala ancha. La barba pelirroja está hecha con pequeñas pinceladas verticales, y la cara está construida con trazos cortos rosas, naranjas, verdes y crema que se abren en abanico alrededor de los ojos y bajan por la nariz. Viste cuello blanco alto y corbata de un azul intenso, y el museo lo llama un parisino vestido a la moda. La chaqueta marrón está cubierta de rayitas de colores, como un tweed, y el fondo turquesa está trabajado con pinceladas cortas y oblicuas que van de arriba a la derecha hacia abajo a la izquierda.
Junto con el autorretrato de Van Gogh, la viuda de Bonger dio al museo un autorretrato de Émile Bernard de 1897 con la dedicatoria «A nuestros amigos holandeses».

La recompra

25. El abanderado — Rembrandt, 1636
Los herederos de Élie de Rothschild decidieron en 2019 vender «El abanderado», y Francia lo declaró tesoro nacional para retener su salida del país durante 30 meses, aunque el Louvre no reunió el dinero y renunció a la compra. En diciembre de 2021 el Gobierno de los Países Bajos anunció que compraba el cuadro por 175 millones de euros. El Estado puso 150 millones, la Sociedad Rembrandt 15 y la fundación del Rijksmuseum 10. En el Parlamento se preguntó por qué el dinero iba a un fideicomiso de las Islas Cook y se dudó de que pudieran gastarse sumas así cuando los teatros y los museos perdían dinero por la pandemia. El Parlamento pidió que el cuadro se mostrara en todas las provincias, y de mayo de 2022 a abril de 2023 pasó tres semanas en cada uno de 12 museos del país, de Leeuwarden a Maastricht. El 14 de junio de 2023 lo recibieron en el Rijksmuseum unos escolares.
Los Rothschild franceses tenían «El abanderado» desde 1840, cuando el barón James de Rothschild lo compró en una subasta en Londres por 840 libras, y antes el cuadro había pertenecido al rey Jorge IV de Inglaterra. En 2016 los Países Bajos y Francia ya habían comprado juntos a los Rothschild dos retratos de Rembrandt que forman pareja, los de Marten Soolmans y Oopjen Coppit, y desde entonces el Rijksmuseum y el Louvre son sus copropietarios.
Rembrandt tenía unos treinta años y dos años antes se había casado con Saskia van Uylenburgh. El hombre del cuadro, en quien los investigadores reconocen rasgos del propio Rembrandt, se ve hasta un poco por debajo de la cintura, con un traje de cien años antes, y mira directamente al espectador. Saca el codo derecho hacia un lado, con la mano apoyada en la cadera, en la cabeza lleva una boina de terciopelo de ala festoneada con una larga pluma de avestruz de color pardo dorado, y al cuello un gorjal de acero. Desde el borde superior del lienzo, a su espalda, cae en enormes pliegues un estandarte gris claro que le pasa por encima del hombro, y con la mano izquierda él aprieta la tela junto a la cadera. La luz cae desde arriba a la izquierda sobre la cara, el estandarte y la manga abullonada, y lo demás se hunde en el marrón y el oliva.
El museo considera el cuadro un avance artístico de Rembrandt, pintado seis años antes de «La ronda de noche», donde también hay un abanderado. El historiador del arte Eric Jan Sluijter ve en él una comedia, un alférez teatral y pagado de sí mismo, y se apoya en especialistas en tejidos según los cuales el estandarte parece una gran sábana de lino con adornos.

Más allá de las veinticinco
Hemos elegido obras en las que se ve quién pagó por ellas, quién las cambió y quién luchó por quedárselas, desde el hospicio de Alkmaar hasta el Gobierno que compró un Rembrandt a los Rothschild. En una segunda visita vale la pena buscar «El molino de Wijk bij Duurstede» de Jacob van Ruisdael, «La fiesta de San Nicolás» de Jan Steen, «La Adoración de los Reyes Magos» de Geertgen tot Sint Jans y el «Autorretrato como el apóstol Pablo» de Rembrandt. Fuera de la pintura, lo mejor es empezar por la loza de Delft, las maquetas de barcos y las esculturas de guardianes de templo del Pabellón de Asia.









































































